Blog

  • Historias del litio: ¿Litio en mis bebidas?

    Etiqueta de 7 Up, todavía anunciada como bebida con contenido de litio,
    Etiqueta de 7 Up, todavía anunciada como bebida con contenido de litio,

    A principios de octubre de 1929, Charles Leiper Grigg introdujo al mercado una nueva bebida refrescante de sabor lima-limón, a la que llamó «Bib-Label Lithiated Lemon-Lime Soda».  Desde 1920 Grigg había tenido problemas para colocar en el mercado su bebida «Howdy» sabor naranja, pues el «Orange Crush» era desde entonces el gigante del mercado en ese sector. Empeñado en crear un producto nuevo, Grigg descartó el sabor de cola, así como el ginger ale y el agua de quina, todas ellas bebidas ya acaparadas en el mercado. Grigg se inclinó finalmente por crear una bebida sabor lima-limón, pero agregando al producto un toque supuestamente medicinal con la adición de citrato de litio que, según rezaba la publicidad, provenía del «agua de lithia» (agua mineral rica en sales de litio) usada en la elaboración de la bebida.

    El refresco tuvo muy buena aceptación, pero el extraño nombre era algo difícil de recordar, de manera que Grigg lo cambió por «7 Up Lithiated Lemon Soda» y posteriormente simplemente a «7 Up». Para finales de los años 40s, el 7 Up era ya el tercer refresco más vendido en los Estados Unidos, atrás solamente de la Coca Cola y del Orange Crush. Se anunciaba como bebida refrescante con propiedades medicinales, «para uso en hospitales y en el hogar», sobre todo para «asentar» el estómago, aliviar las molestias de las resacas, neutralizar la acidez y hasta para adelgazar la figura. Sin embargo, en 1948 el Gobierno de los Estados Unidos prohibió la adición de litio a las bebidas, debido a su efecto tóxico en dosis muy altas, de manera que el 7 Up dejó de contenerlo.

    El mismo año que se prohibió el litio en las bebidas en Estados Unidos, en el otro lado del mundo el médico australiano John Cade descubría que las sales de litio podían ser de utilidad en el tratamiento del trastorno bipolar (antes conocido como psicosis maniaco-depresiva). Hoy en día, el litio sigue siendo uno de los medicamentos más utilizados en los casos psiquiátricos que requieren estabilización de los estados de ánimo, particularmente en las personas que padecen el trastorno bipolar y otros desórdenes asociados con la depresión. Aunque el mecanismo bioquímico de acción del litio no está del todo claro, se sabe que el efecto de su presencia en el sistema nervioso se refleja en la prevención de estados de manía y en una estabilización del estado de ánimo de los pacientes y una reducción en la probabilidad de suicidio.

    El uso del litio en el tratamiento de desórdenes de la mente en realidad antecede a Cade por varias décadas. En los 1870s se empleaba el litio como agente para la desintegración de cristales de urea que provocan la enfermedad de la gota. En aquella época existía la hipótesis de que algunos desórdenes mentales eran causados por altas concentraciones de ácido úrico en la sangre, así que se intentó usar sales de litio como medicamento para controlar los llamados estados alterados. Sin embargo, estos primeros experimentos cayeron pronto en el olvido y el litio no se volvió a usar en psiquiatría hasta la publicación en 1949 de los estudios de Cade.

    LithiumEl hecho que el litio actúe como medicamento psiquiátrico es sorprendente por tratarse no de una molécula orgánica compleja sino de un simple elemento químico. El principio activo de esos medicamentos no son siquiera las sales de litio (generalmente se usan citratos o carbonatos de litio) sino el simple ión de litio. El isótopo más común es el Litio-7, cuyo núcleo consiste de tres protones y cuatro neutrones. Es realmente sorprendente que este átomo tan simple pueda tener efectos notables en el funcionamiento del cerebro (incidentalmente, se dice que el nombre 7 Up viene de este isótopo del litio, aunque una hipótesis más plausible es que siete sea el número de ingredientes básicos en la bebida).

    La abundancia del litio en la Tierra es bastante poco uniforme  Para propósitos de extracción comercial, los depósitos más importantes de litio se encuentran en los salares de Bolivia y en otras regiones de Sudamérica, además de Australia y China. En los manatiales naturales la concentración de litio en el agua varía geográficamente, de manera que en la mayoría de  los sitios tal concentración va desde cantidades indetectables hasta 0.2 miligramos por litro. Existen, sin embargo, manantiales particulares en los que la concentración del litio puede ser mucho más alta, como los de Lithia Springs en Florida o los de Tehuacán, en México. Durante muchos años, los envases de la marca Peñafiel de agua mineral tuvieron una etiqueta en la que se informaba que, de acuerdo a análisis de la Universidad Nacional, el agua de los manantiales de Tehuacán tenía una concentración de litio de 2.4 miligramos por litro. Aunque este dato probablemente es incorrecto (el análisis se realizó con tecnología disponible en 1951), apunta a la presencia en la zona de Tehuacán de una concentración de litio particularmente alta.

    Tehuacan_SanLorenzo

    La presencia de litio en el agua para beber parece tener un efecto detectable en la salud de las poblaciones humanas. Por ejemplo, hay datos anecdóticos que sugieren una correlación entre la concentración de litio en el agua y la longevidad de las personas. En estudios más técnicos, se ha demostrado que en los sitios en los que el agua contiene más litio el índice de suicidios es menor. Esta correlación se ha demostrado en poblaciones de lugares tan disímiles como Texas, Japón y Austria, aunque no se encontró en una población de Inglaterra.

    Estas observaciones podrían explicarse apelando al efecto estabilizador del estado de ánimo del litio. Cabe señalar que las concentraciones naturales de litio en el agua de pozo son muchísimo más bajas que las que se utilizan en los medicamentos psiquiátricos. Aún así, la evidencia es tan clara que ha habido propuestas serias de adicionar litio al agua potable en todas las localidades para aprovechar sus propiedades. .

    La más reciente propuesta en este sentido es un editorial publicado en el New York Times por Anna Fels, psiquiatra del Weill Cornell Medical College. Fels señala la idea de que el litio es probablemente un elemento traza esencial para el funcionamiento del cuerpo humano y que sus efectos sobre la actividad mental son tan importantes como para al menos cuestionarse si sería una buena idea incluir pequeñas dosis de litio en las bebidas refrescantes, en los complementos vitamínicos o incluso en el agua potable de las comunidades humanas.

    ¿Debería el 7 Up volver a incluir litio en su fórmula? ¿Tendría el agua de Tehuacán un efecto detectable sobre la salud mental de sus consumidores? ¿Realmente bañarse en el agua de los manatiales de Lithia Springs o de Tehuacán contribuye a la salud y la longevidad? Como sugiere Fels, este tipo de preguntas merecen al menos ser examinadas a través de estudios científicos,

    Referencias

    7 Up The making of a legend. Página oficial de Cadbury Schweppes Americas Beverages. Consultado el 14 de septiembre de 2014.

    Cade, J. F. J. 1949. Lithium salts in the treatment of psychotic excitement. Medical Journal of Australia 2 (36): 349–352.

    Fels, A. 2014. Should we all take a bit of lithium? The New York Times. 14 de septiembre de 2014.

    Helbich, M., Leitner, M., Kapusta, N. D. 2012. Geospatial examination of lithium in drinking
    water and suicide mortalityInternational Journal of Health Geographics 2012 11:19.

  • El gigante de los ríos de Marruecos

    Spinosaurus aegypticus en Parque Jurásico III
    Spinosaurus aegypticus en Parque Jurásico III

    En la tercera entrega de la saga de películas de Parque Jurásico, el tiranosaurio es desbancado de su sitio de honor como el dinosaurio más temible por un extraño contendiente, un enorme animal con unas impresionantes mandíbulas alargadas y una extraña «vela» en el dorso. «Piensa en algo grande», le dice el paleontólogo Alan Grant a su aprendiz Billy Brennan. «Spinosaurus aegypticus«, concluye con voz sombría luego de sobrevivir al ataque de uno de estos animales.

    En la película, el espinosaurio se muestra como un gigantesco depredador, más grande que el tiranosaurio y capaz de correr ágilmente sobre sus patas traseras, aunque con la habilidad de usar las delanteras para mover objetos y aún para doblegar a sus presas. Casi al final de la película se le muestra también nadando sumergido en un río, con la vela dorsal sobresaliendo del agua como si fuera la aleta de un tiburón, momentos antes de asolar a los atribulados protagonistas de la película con un nuevo y terrorífico ataque.

    La vela delata la presencia de un espinosaurio nadando en un río en Parque Jurásico III
    La «vela» delata la presencia de un espinosaurio nadando en un río en Parque Jurásico III

    Spinosaurus aegypticus fue descrito en 1915 por Ernst Stromer, basado en unos pocos huesos fósiles encontrados en Egipto en sedimentos del Cretácico medio (hace

    Los huesos fósiles examinados por Stromer en 1915
    Los huesos fósiles examinados por Stromer en 1915

    alrededor de 100 millones de años). Stromer identificó una serie de extrañas espinas dorsales que interpretó como soportes para una especie de joroba que podría haber servido al espinosaurio para almacenar grasa, como lo hacen por ejemplo los bisontes de la actualidad.  Stromer dedujo que el espinosaurio era un depredador de gran tamaño, pero nunca logró comprender del todo las peculiaridades del animal y solamente pudo concluir que se trataba de una forma «altamente especializada».

    Los fósiles originalmente examinados por Stromer se perdieron cuando el museo de la ciudad de Munich fue destruido en 1945 durante los bombardeos de las fuerzas británicas al final de la Segunda Guerra Mundial. Afortunadamente, las detalladas ilustraciones y las prolijas descripciones de Stromer se conservaron y a través de ellas fue posible durante décadas, a pesar de la ausencia de material nuevo, especular sobre la historia natural del extraño espinosaurio.

    Más recientemente, con el descubrimiento de material adicional, se llegó a una especie de consenso respecto al posible aspecto del espinosaurio: Un depredador enorme (de hasta 15 metros de longitud y hasta 20 toneladas de peso), bípedo pero con patas delanteras mucho más robustas que las del tiranosaurio, con un hocico alargado y armado de dientes que, a diferencia de los de otros dinosaurios carnívoros, eran cónicos y puntiagudos. La característica más sobresaliente, sin embargo, era la presencia de la «vela» dorsal (una estructura cubierta posiblemente con piel delgada) y no de una joroba como pensaba Stromer. Se especuló que la vela podría servir para regular la temperatura.

    Reconstrucción de Spinosaurus aegypticus
    Reconstrucción de Spinosaurus aegypticus

    La imagen del espinosaurio como aparece en Parque Jurásico III corresponde con las reconstrucciones que de la especie se habían hecho hasta 2001, cuando se estrenó la película. La idea del espinosarurio nadador posiblemente se basó en las especulaciones de que Baryonyx, un pariente cercano de Spinosaurus, podría haber tenido una dieta basada en los peces, a juzgar por la morfología de las mandíbulas y la estructura de los dientes.

    Estas especulaciones parecen ser confirmadas por un estudio publicado esta semana (el 11 de septiembre de 2014) en la revista Science por un grupo encabezado por Nizar Ibrahim y Paul Sereno, de la Universidad de Chicago en el que describen sus hallazgos al examinar un ejemplar particularmente completo hallado en los sedimentos de la región de Kem Kem en Marruecos, correspondientes a una antigüedad de 97 millones de años. En el Cretácico medio, las zonas desérticas del norte de África eran parte de un extenso sistema de caudalosos ríos y grandes lagunas; el sitio de Egipto de donde provino el material de Stromer y los sedimentos de Kem Kem eran los extremos oriental y occidental, respectivamente, de este fabuloso ecosistema acuático habitado por peces pulmonados de tres metros, celacantos de siete metros, gigantescos cocodrilos y tortugas y peces sierra de más de diez metros.

    El nuevo material, junto con el análisis de otros fósiles, permitió a Ibrahim y sus colaboradoes llegar a la conclusión de que Spinosaurus era un dinosaurio principalmente acuático, adaptado al ecosistema fluvial y lacustre del Cretácico norafricano. Los espinosaurios tenían los orificios nasales localizados en la parte superior del hocico, de tal manera que el animal podía respirar aún con gran parte del cuerpo sumergido, como lo hacen los cocodrilos actuales. Además, en la parte terminal del hocico tenían estructuras sensibles a cambios en la presión del agua, lo que probablemente les permitía localizar y rastrear sus presas acuáticas. Los investigadores encontraron además que los huesos de espinosaurio son particularmente robustos, lo que probablemente contribuía a la flotación de estos animales. Asimismo, la anatomía de las patas traseras sugiere que los dedos estaban unidos por piel, en forma parecida a lo que sucede en los patos y otras aves acuáticas.

    La nueva reconstrucción de Spinosarurus aegypticus. Imagen: National Geographic
    La nueva reconstrucción de Spinosarurus aegypticus. Imagen: National Geographic

    Respecto al tamaño, una reconstrucción por computadora en la que digitalmente se colocan los huesos fósiles en su posible posición permitió confirmar que Spinosaurus, con una longitud de casi 16 metros, es el dinosaurio depredador más grande que se conoce. Asimismo, un análisis estructural y mecánico mostró un sobrepeso tal en la parte anterior del cuerpo que es poco probable que los espinosaurios hayan podido desplazarse en dos patas, como aparecen en la mayoría de las reconstrucciones y en Parque Jurásico III. En sus andanzas terrestres, los espinosaurios probablemente se apoyaban en las cuatro patas, aunque seguramente eran bastante más torpes en tierra de lo que la película nos ha hecho creer.

    Los dinosaurios siguen siendo de las criaturas más fascinantes de la naturaleza. Cada nuevo descubrimiento sobre ellos nos aviva la imaginación y nos permite visualizar mundos extraordinarios que alguna vez existieron en lugares insospechados. Tal es el caso de los ríos cretácicos de Marruecos y sus gigantescos espinosaurios.

    Referencias

    Ibrahim, N., P. Sereno, C. Dal Sasso et al. 2014. Semiaquatic adaptations in a giant predatory dinosaur. Science: publicado en línea el 11 de septiembre de 2014.

    Mueller, T. Mister big. National Geographic, octubre de 2014. Versión en línea consultada el 14 de septiembre de 2014. Ver también el video Spinosaurus River Monster.

  • ¿Son los huracanes femeninos más letales que los masculinos?

    “Los huracanes femeninos son más mortales que los huracanes masculinos” reza el provocativo título de un artículo publicado recientemente en los Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos (PNAS por sus siglas en inglés). ¿Qué significa que un huracán sea “masculino” o “femenino”? ¿Cómo los femeninos pueden ser más letales que los masculinos? Los autores del estudio, académicos de la Universidad de Illinois y de la Universidad Estatal de Arizona, proponen que en los últimos 60 años los huracanes con nombre femenino han causado daños más cuantiosos y más muertes en los Estados Unidos que los huracanes con nombre masculino y postulan una explicación basada en las percepciones sobre los nombres y los estereotipos asociados al género.

    Image

    Antes de la mitad del siglo XX, los huracanes se nombraban simplemente con la fecha o el lugar de su entrada a tierra o, sobre todo en las islas del Caribe, con el nombre correspondiente del santoral católico. Así se recuerdan “el Gran Huracán de Galveston”, “el Gran Huracán de los Cayos de Florida del Día del Trabajo” y los destructivos huracanes de Santa Ana y de San Felipe en Puerto Rico.

     Los huracanes del Atlántico norte comenzaron a recibir nombres en 1950 en los Estados Unidos. Al principio se utilizaron como nombres las palabras del alfabeto fonético usado por las fuerzas armadas de ese país. Así, los primeros huracanes con nombre fueron Able, Baker, Charlie, Dog, etc. Entre 1953, cuando Alice fue el primer huracán con un nombre propio humano, y 1978, se emplearon únicamente nombres femeninos para bautizar los huracanes. Entre la comunidad de meteorólogos de la época era considerada graciosa la idea de asignar nombres de mujer a un fenómeno tan destructivo y veleidoso como un huracán. A partir de 1979, por acuerdo internacional, se intercalan nombres propios masculinos y femeninos para designar los huracanes de cada temporada.

    Los autores del artículo en PNAS, encabezados por Kiju Jung, compilaron una base de datos de 92 huracanes que han afectado las costas del Atlántico de los Estados Unidos desde 1950 y encontraron que en promedio los huracanes con nombre femenino han provocado más muertes que los huracanes con nombre masculino. Los investigadores enfatizan que encontraron esta relación aún cuando excluyeron los dos huracanes que más muertes han causado en la historia de los Estados Unidos, ambos con nombre femenino (Audrey de 1957 y Katrina de 2005).

     Ahora bien, ¿Cómo es posible que un atributo subjetivo como el nombre de un huracán pueda influir en su poder destructivo? Los autores del artículo argumentan que hay un factor psicológico y social que puede explicar el patrón encontrado. La gente, proponen los autores, tiende a percibir un huracán con nombre masculino como un fenómeno más fuerte, violento y destructivo que uno con nombre femenino. Esto llevaría a que las poblaciones se prepararían mejor ante el anuncio de un huracán “masculino” y se verían sorprendidas por los huracanes “femeninos” de alta potencia. La consecuencia final sería un mayor número de muertes causadas por estos últimos.

    Los autores pusieron a prueba su hipótesis usando protocolos de investigación de uso frecuente en psicología. Reclutaron voluntarios entre la población de estudiantes de la Universidad de Illinois y les presentaron una serie de reactivos encaminados a establecer la percepción de los sujetos sobre el peligro potencial de un huracán y el grado de masculinidad-feminidad en el nombre del meteoro. Los resultados mostraron en general una tendencia a que los participantes percibieran los huracanes con nombre masculino como potencialmente más destructivos.

    Desde el mismo día de su publicación, el estudio ha sido criticado desde varios frentes. Una de las objeciones más repetidas se refiere a los sesgos en la base de datos. Se incorporaron sólo huracanes que llegaron a los Estados Unidos, dejando fuera un gran número de huracanes que causaron enormes daños en México, Centroamérica y las Antillas. Así, no están incluidos en el estudio huracanes tan destructivos como Gilberto, Karl, Mitch y Stan, entre otros. Asimismo, dado que entre 1953 y 1978 se usaron solamente nombres femeninos y dado que en años recientes existe una mayor cultura de prevención, es muy posible que la correlación encontrada sea espuria como consecuencia de que los daños causados por los huracanes han sido menos severos en años recientes. De hecho, los autores no encontraron un patrón significativo para los huracanes de 1979 a la fecha.

     El título del estudio en realidad no refleja su propósito principal, que fue el de mostrar el sesgo que existe ente la gente respecto al potencial destructivo de un huracán dependiendo del género del nombre del meteoro. Por lo menos entre los participantes en el estudio, un nombre masculino genera una imagen de un huracán más violento y destructivo que uno con nombre femenino. La percepción sobre los huracanes podría estar sesgado por prejuicios y estereotipos muy enraizados en la cultura y la educación de las personas. Desafortunadamente, es difícil pensar que la percepción de una pequeña muestra de estudiantes voluntarios de una universidad de los Estados Unidos pueda extrapolarse a otros sectores sociales y mucho menos a otros países.