La falacia de Loki y la evolución humana

La figura de la izquierda muestra una representación típica de la evolución del ser humano. Todos hemos visto en diferentes medios, incluso en libros de texto, ilustraciones similares que muestran una progresión desde los monos hasta el ser humano moderno, pasando por una serie de formas intermedias que no podemos llamar de otra manera sino “cavernícolas”. Esta es una imagen que los biólogos evolucionistas y los paleoantropólogos quisieran eliminar para siempre de la mente de la gente.  ¿Por qué? Porque muestra un concepto erróneo del proceso de evolución y en particular del surgimiento de lo que llamamos Homo sapiens.

Imágenes como esta han propiciado la proliferación de críticas al concepto de la evolución humana desde campos enemigos a la ciencia como el de los creacionistas o literalistas bíblicos. Un conocido mío cree contar con una prueba lógica irrefutable que demuestra la falsedad de la teoría de la evolución. Si el ser humano evolucionó de los monos, va el argumento, en algún momento una hembra mono (un individuo no humano) tuvo que haber dado origen a un hombre (un ser humano) y esto es, según mi conocido, absurdo y demuestra que la evolución es imposible.

Este argumento siempre me ha recordado la historia de Loki, el famoso embaucador de la mitología nórdica. En una ocasión, Loki hizo alguna apuesta con unos enanos y puso como prenda su cabeza.  Después de perder la apuesta, Loki se presentó con los enanos dispuesto a que estos cobraran su premio.  Sin embargo, Loki escapó del predicamento advirtiendo que los enanos podían tomar con toda confianza su cabeza, pero que de su cuello no podían tocar ni un pedacito.  Los enanos, al no poder encontrar un límite claro entre el cuello y la cabeza de Loki, tuvieron que renunciar a colectar su trofeo.

Por supuesto, el artilugio de Loki es una falacia, un argumento inválido que parece a primera vista perfectamente verdadero.  La falacia consiste en este caso en intentar definir en conjuntos discretos (cabeza y cuello) un continuo de formas que no tienen un límite definido.  Pues bien, eso sucede con el argumento de mi conocido: ¿Dónde se acaban los monos y dónde empiezan los humanos?  No hay una frontera definida, no hay un momento en la historia evolutiva en la que de pronto una mona haya dado a luz a un ser humano.

Además, la evolución biológica presenta más complicaciones.  La imagen de una línea evolutiva única “del mono al hombre” representa una enorme simplificación de un proceso que involucra numerosas ramificaciones y muchísimos callejones sin salida. La falacia de Loki se complica aún más pues nos encontramos no con una cabeza y un cuello, sino con un monstruo de decenas de cabezas, similar a la Hidra, la serpiente policéfala de la mitología griega.

Abajo se presentan las relaciones de parentesco evolutivo entre los simios actuales (los gibones, orangutanes, gorilas, seres humanos y chimpancés).  El esquema está muy simplificado pues no muestra los cientos de formas extintas que han existido.  Según la evidencia más recientes, las dos especies de chimpancé representan el grupo hermano de los seres humanos, pues comparten un ancestro común con nosotros. El grupo humanos + chimpancés a su vez comparte un ancestro común con los gorilas y así sucesivamente.  Como vemos, no hay una progresión lineal “de los monos al hombre” como la que aparecía en los textos antiguos. La evolución tampoco implica que los seres humanos hayan surgido a partir de una de las formas actuales de simios, como parece mostrar la ilustración del principio de esta nota.

Pensemos en la relación evolutiva entre el chimpancé y el ser humano.  Hagamos el experimento mental de pensar en nuestros ancestros. Podemos recordar claramente a nuestros padres, abuelos y posiblemente a nuestros bisabuelos. Imaginemos que podemos reconstruir nuestro árbol genealógico hasta miles, cientos de miles o millones de años.  En algún punto, hace unos seis millones de años, podríamos encontrar un ancestro en África que formaba parte de una población de simios. Si reconstruyéramos la descendencia de algunos individuos de esta población, esta vez de regreso en el tiempo (o sea, ahora hacia nuestro presente) terminaríamos en algún punto con un chimpancé de algún lugar del África actual.  Lo que hemos reconstruido es una línea de parentesco entre nosotros y los chimpancés actuales a través de una población ancestral común.  ¿Significa esto que descendemos de los chimpancés? No, porque para construir esa línea tuvimos que viajar primero hacia atrás en el tiempo y luego hacia adelante. Lo que muestra este ejercicio es la relación de ancestría común entre los chimpancés y los seres humanos y no una de descendencia directa.

La falacia de Loki se resuelve en el caso de la evolución de los simios pensando que las diferencias por demás claras que observamos entre las especies actuales resultan de cambios graduales, muy sutiles de una generación a otra, que han producido divergencias que a su vez han originado las formas que vemos hoy en día. Pensar que de pronto un simio dio origen a un humano es como buscar el límite entre el cuello y la cabeza de una hidra de cien cabezas. Los seres humanos no evolucionaron de los simios, siguen siendo simios.

 

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6 comentarios en “La falacia de Loki y la evolución humana

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  2. Andrés Paiva

    Muy interesante artículo.

    Sin embargo hay algo que no comprendo. ¿Dónde queda el concepto de especie aquí?

    Hasta donde sé, la especie es un grupo cerrado de seres vivos, que se reproducen entre ellos, y que procrean descendencia fértil. Cuando se cruzan estos límites, se producen híbridos infértiles, como el ligre, cruza del león y la tigresa, o la mula, cruza entre una yegua y un burro o asno.

    Otra opción natural consiste en que una especie produzca una subespecie. El cambio no se produce en el fenotipo, por causas ambientales, como creía Darwin, sino en el genotipo, por herencia genética, como se comprobó después.

    Así pues, lo que no se entiende del evolucionismo biológico es esto: ¿como es posible que una especie degenere (“evolucione”) gradualmente en otra distinta y sobreviva en el proceso? ¿No se contradice eso con la Selección Natural? ¿Cómo es que una especie puede “des-especializarse” y sobrevivir para convertirse en otra especie nueva?

    Tratar de explicar el cambio invocando un proceso gradual de millones de años que se ramifica numerosamente no responde satisfactoriamente la cuestión. Primero, porque biológicamente ha sido imposible hasta el momento explicar la aparición de complejos órganos y sistemas. Un animal de sangre fría no se convierte en uno de sangre caliente “gradualmente”, a menos, claro está, que los evolucionistas encuentren o inventen alguna especie de “sangre tibia”.

    En segundo lugar, hay que notar que el argumento de la “complejidad irreductible” es muy bueno, por mucho que los evolucionistas lo menosprecien. Y es que los científicos neodarwinistas no fueron capaces de explicar siquiera la síntesis de los aminoácidos (los experimentos de Miller y de Fox fracasaron) debiendo recurrir, actualmente, a otras teorías, como la panspernia, que es una forma elegante de patear el tablero. La “complejidad irreductible”, pues, no ha perdido vigencia, en la medida en que la célula sigue siendo indescifrable. ¿Cómo es posible teorizar sobre nuevas especies cuando ni siquiera podemos teorizar sobre nuevos sistemas y órganos; y cómo podemos teorizar sobre nuevos órganos cuando ni siquiera podemos teorizar sobre nuevas células? Y finalmente, ¿cómo podemos teorizar sobre nuevas células cuando ni siquiera podemos teorizar sobre aminoácidos?

    Hay que notar, también, que el “Árbol de la vida” concebido por los paleontólogos no se condice con la concepción de la bioquímica, que entiende la biodiversidad como un mosaico, sin relaciones secuenciales. Las observaciones paleontólogicas evolucionistas, partiendo del propio Darwin, desconocían tanto la bioquímica celular como la misma existencia del ADN. Por eso todas sus observaciones se basaban en criterios de semejanza, que se interpretaba como “prueba” de parentesco entre especies. Hoy sabemos que esto no es así, por empezar, porque la semejanza morfológica no se condice con la semejanza genética, produciendo un conflicto de intereses irresoluble. El fénomeno de semejanza morfólogica no se explica por parentesco, sino por convergencia.

    Fijése hasta que punto estas objecciones son tan claras, que el darwinismo tuvo que convertirse, para sobrevivir, en neodarwinismo, y tuvo que sumar a la Selección Natural el concepto de mutación. Que quede claro: las nuevas teorías evolucionistas se basan en SALTOS producidos por mutaciones, la evolución gradual es cosa del pasado, ni siquiera los mismos evolucionistas insisten con eso ya.

    La escuela alemana incluso llegó a extremos mitológicos a la hora de elaborar hipótesis. Por ejemplo, Otto Schindewold explicó el origen de las aves a partir de reptiles como resultado de una “gran mutación”. Un buen día un reptil puso un huevo… y salió un ave. Así de simple. Casi tanto como el creacionismo.

    Claro que jugar con mutaciones es peligroso. Y falso, sobre todo cuando se pretende “probar” la evolución biológica invocando micro-mutaciones, que son los cambios que se producen dentro de cada especie. Una macromutación es otra cosa muy diferente, de la que no tenemos noticia. El Equilibrio Puntuado, en ese sentido, no es capaz de explicar el cambio evolutivo. Simplemente usa mucha palabrería (que incluso llega a ser oscura y esóterica en el estilo de Jay Gould) para no tener que asumir que el neodarwinismo es una gran lecho de Procusto, en el que las evidencias se acomodan a la teoría, en lugar de hacerlo a la inversa, como debería ser.

    Y es que todo este asunto de la evolución ni siquiera es falsable. El mismo Popper llegó a descubrir que la Selección Natural es una tautología: se nos dice que sólo los más aptos sobreviven… porque son los más aptos. Justamente. La Selección Natural pues, no es una ley, ni un mecanismo. ¿Qué es? Popper llegó a considerarlo un programa metafísico de investigación.

    Así que como conclusión, creo que la falacia de Loki que usted atribuye a su amigo (y por extensión, a cualquier crítico del neodarwinismo) no aplica realmente aquí. Por empezar, es posible establecer límites anatómicos entre el cuello y la cabeza, que aún siendo arbitrarios, son prácticos. Práctico hubiera sido para los enanos pues, cortar la cabeza de Loki partiendo desde la nariz, sin siquiera acercarse al cuello. Y aquí es donde la fábula se vuelve a mi favor. Y es que hiriendo aunque sea una pequeña parte de la cabeza de Loki (partiendo su cráneo en la coronilla por ejemplo) se le puede producir la muerte. A efectos de conservar su salud, a Loki no le sirve de nada conservar la mitad de su cabeza, la necesita toda, completa. De la misma forma, las especies, para sobrevivir, necesitan mantenerse “especializadas”. Para las especies, “des-especializarse” y perder sus atributos, aunque fuera solo parcialmente, en pequeños grados, sólo puede ser perjudicial, incluso (sobre todo) en los términos de la Selección Natural.

    En fin, me he extendido demasiado, sepa disculpar mi entusiasmo.

    Felicitaciones por su blog. Lo saludo atentamente, desde la ciudad de Rosario, en Argentina.

  3. Andrés Paiva

    PD: la mejor prueba de que la evolución se produce por “saltos” se encuentra en la llamada “Explosión Cámbrica” que justamente obligó a los neodarwinistas a recurrir a grandes mutaciones para explicar el fenómeno.

  4. Con respecto al principio de complejidad irreductible sólo puedo decir que si considera que un sistema complejo no cumple su función porque le falta una parte, existe el caso que hay sistemas “irreductiblemente complejos” como el famoso flagelo que si le quitan algunas partes cumple otra función: es un canal iónico! propulsado por ATP. El diseño inteligente no puede ser tan inteligente porque se encuentran demasiados errores en la naturaleza. Por ejemplo, nosotros no somos una máquina perfecta y tampoco la más pequeña de las células que existen. Estamos llenos de errores; errores que estarían ahí si hubiera ocurrido la evolución. Claro que asumamos que el diseñador no sea muy inteligente.
    Otra cosa, no es “la supervivencia del más apto”, lo que tienen que sobrevivir son los genes y por lo tanto debe favorecerse la reproducción, aunque el individuo o la especie no sea “apta”.

  5. Pingback: Las arqueas del Castillo de Loki | Mitología natural

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