Los naranjos de Bernal y el “intercambio colombino”

En julio de 1518, la expedición de Juan de Grijalva iba de regreso hacia Cuba luego de explorar las costas del Golfo de México. La flota hizo una parada cerca del río Coatzacoalcos, en el sureste del actual estado mexicano de Veracruz. Ahí, según relata Bernal Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España,

[c]omo había muchos mosquitos […], fuémonos diez soldados a dormir a una casa alta de ídolos. [a un templo de la población nativa].
[…]
Y junto aquella casa sembré siete u ocho pepitas de naranjas que había traído de Cuba. Y nacieron muy bien: parece ser que los papas de aquellos ídolos [los sacerdotes del templo] les pusieron defensa para que no las comiesen hormigas, e las regaban e limpiaban desque vieron que eran plantas diferentes de las suyas.  He traído aquí esto a la memoria para que se sepa que estos fueron los primeros naranjos que se plantaron en la Nueva España […].

Años después, cuando Bernal regresó a la región para establecerse ahí por un tiempo,  fue en busca de sus naranjos, los cuales trasplantó a su finca, “e salieron muy buenos”. [1]

Es muy probable que los naranjos de Bernal hayan sido las primeras plantas exóticas (no nativas) cultivadas en territorio de lo que hoy en día es México. [2] La historia de las naranjas y otros cítricos es un buen ejemplo de lo que el historiador Alfred Crosby llamó el intercambio colombino. [3] Con ese término, Crosby se refería a la transferencia entre continentes de productos naturales, costumbres, aspectos culturales, tecnologías y enfermedades que se dio a raíz de la llegada de los europeos al continente americano. 

Naranjas

Las naranjas

Las naranjas de Bernal muy probablemente eran de la variedad agria o amarga, que era la más común en España, aunque no es originaria de ahí. El propio nombre de la planta permite rastrear el origen y periplo intercontinental de este cítrico. La palabra naranja proviene del sánscrito nāraŋga (que se refiere al naranjo, el árbol que produce las naranjas), lo que permite suponer que la planta es originaria del Asia oriental. La planta llegó a España pasando primero por Persia (donde se conoce como nārang) y los países árabes (donde existen las palabras nāranğ para el árbol y nāranğa para la fruta), para finalmente llegar a Europa desde el norte de África. De España, la naranja llegó a Portugal (donde es llamada laranja) y a los ducados italianos, donde se conoció como [la] arancia.

En algún momento de la Edad Media se asoció la naranja con el oro (tal vez por los destellos de apariencia dorada de su cáscara) y la fruta se llamó aurantium en latín medieval (apelativo que conserva en su nombre científico, Citrus aurantium).  De esta palabra deriva el nombre en francés, inglés y neerlandés (orange, con distintas pronunciaciones en cada idioma).

En los albores del siglo XVI los portugueses llevaron desde el lejano oriente dos nuevos tipos de cítrico, la naranja dulce o china (Citrus sinensis) y la naranja mandarina —es decir, de los mandarines (Citrus reticulata)—. Como esta última se cultivó primero en Tánger, en el norte de la actual Marruecos, la fruta se conoció en Europa como mandarina o tangerina. En la actualidad, la naranja dulce o china y la mandarina son las variedades más comunes, aunque la original variedad agria se cultiva en algunas regiones, principalmente para consumo local.

El intercambio colombino y las naranjas

Se puede decir que el intercambio colombino comenzó con el segundo viaje de Cristóbal Colón en 1494. En esta segunda expedición, el Almirante de la Mar Océano llevó a “las Indias” una gran variedad de plantas y animales para establecerlos en las colonias que había planeado establecer. Así, las embarcaciones del explorador venían colmadas con ovejas, cerdos, caballos, así como semillas y plántulas de numerosas especies vegetales.

Algunas de estas plantas nunca se dieron en los ambientes de extremo calor y humedad de las islas caribeñas —en los primeros años de las colonias no hubo pan (no se dio el trigo), ni vino (la vid no prosperó), ni aceite de olivo. Otras plantas, por el contrario, prosperaron de inmediato y suplantaron a las especies nativas; pronto el paisaje de las islas colonizadas se transformó en extensos plantíos de caña de azúcar (importada de África), plátanos (traídos de Asia tropical), naranjas y otros cítricos.  “De árboles —escribió el padre Joseph de Acosta—, los que más generalmente se han dado allá [en las Indias] , y con más abundancia, son naranjos y limas, y cidras y fruta de este linaje […] Hay ya en algunas partes, montañas y bosques de naranjales”. [4]

Mercado_de_Naranjas
Naranjas en el mercado de Sevilla, ca. 1891.  Xilografía de E. Buckman en The graphic. 2 de mayo de 1891. [Wikimedia Commons] . Nótese en primer plano los nopales (cactus introducidos desde el Nuevo Mundo).  De hecho, ni los animales de tiro, ni las telas y pigmentos de las vestimentas, ni los productos que se ofrecen son nativos de España.

El éxito de estas primeras introducciones de plantas exóticas se vio nublado pronto por otro aspecto del intercambio colombino: el transporte de plagas y enfermedades. Justo cuando Bernal Díaz sembraba sus naranjos en Coatzacoalcos en 1518, comenzó en la isla Española un cataclismo ecológico de proporciones bíblicas, de acuerdo con las crónicas de la época. Bartolomé de las Casas reseña, por ejemplo, que todas las plantaciones de naranjas, granadas y otros cultivos fueron destruidos “de la raíz  para arriba” por lo que parecía una plaga de hormigas que al morder “causaban más dolor que las avispas cuando pican e hieren a los hombres”. [5]

¿Realmente fueron las hormigas las causantes de la destrucción de los naranjales de la Española? En 2005, Edward O. Wilson propuso una explicación diferente.  [6] Con base en las crónicas de la época, y aplicando su amplio conocimiento sobre la fauna de artrópodos de las islas antillanas, Wilson especula que la introducción de plátanos africanos en 1516 trajo consigo una plaga para el resto de las plantas: los cocoideos o insectos escama, que son diminutos hemípteros que se alimentan de la savia de las plantas. La explosión en las poblaciones de hormigas que los colonizadores observaron se debió, de acuerdo con Wilson, a una respuesta a la superabundancia de los insectos escama. Este es probablemente el ejemplo más antiguo —apenas un par de décadas después de la llegada del explorador genovés— de un desastre ecológico provocado por el intercambio colombino.

Las naranjas como símbolo del mestizaje

Los naranjos que sembró Bernal, parte del intercambio colombino, han representado una metáfora de un proceso más general: el mestizaje y la fusión de dos culturas. “[E]l tiempo dejó que las dos sangres se fueran mezclando entre las mil peripecias que constituyen la historia —comenta Alfonso Reyes—, y el destino se sentó a esperar los resultados. Bernal Díaz del Castillo, ya gobernante en Guatemala, corta gozosamente los frutos de los siete naranjos cuyas semillas trajo de España (sic). Sobre la lenta embriología de las nuevas naciones, silencio y esperanza.” [7]

El naranjoEn forma similar, en la serie de cuentos de El naranjo (1992), Carlos Fuentes usa la omnipresencia de la planta en diferentes regiones del orbe y a través de los siglos como un hilo conductor entre sus historias, todas ellas relacionadas con el aniversario quinientos de la llegada de los europeos al continente americano y del inicio del intercambio colombino y de la mezcla de culturas.

Hoy en día, el estado de Veracruz es el principal productor de naranja en México. En 2017 había en el estado alrededor de ciento sesenta y ocho mil hectáreas cultivadas con naranjos, que produjeron más de dos millones de toneladas del cítrico. Un progreso notable a partir de los siete humildes naranjos sembrados por Bernal hace quinientos años en una oscura localidad de Coatzacoalcos.

Referencias

[1] El relato de Bernal Díaz del Castillo aparece en el capítulo XVI de la edición príncipe de la Historia verdadera (de aquí tomé el primer párrafo de la cita). En el llamado manuscrito de Guatemala, este pasaje está tachado, aunque es perfectamente legible (de aquí se toma el resto de la cita).  Las dos versiones han sido copiadas de la nota en la página 67 de la edición de la Historia verdadera, Academia Mexicana de la Lengua, 2014.

[2] refiriéndonos, claro, a plantas ajenas al continente americano. Algunas plantas que se cultivaban en Mesoamérica provienen originalmente de otros lugares del continente, como el cacao, las guanábanas, algunos tubérculos, etc.

[3] Crosby, A. W., Jr. 2003 [1973]. The Columbian exchange. Biological and cultural consequences of 1492. Praeger Publishers, Westport, Connecticut.
Mann, C. C. 2011. 1493. Uncovering the New World Columbus created. Alfred A. Knopf, Random House.

[4] Joseph de Acosta.

[5] Bartolomé de las Casas.

[6] Wilson, E. O. 2005. Early ant plagues in the New World. Nature 433:32.

[7] Alfonso Reyes. 1957. Moctezuma y la “Eneida mexicana“. En “A campo traviesa”, en la edición de las obras completas de Alfonso Reyes, Fondo de Cultura Económica, XXI: p. 457.

 

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