Autor: Héctor T. Arita

  • La respuesta a la pregunta definitiva sobre la vida, el universo y todo lo demás es…

    42 = (-80538738812075974)3 + 804357581458175153 + 126021232973356313

    THGTTG En The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy [1],  la farsa interestelar, multitemporal y pandimensional de Douglas Adams, Pensamiento Profundo, «la segunda computadora más poderosa en el universo del tiempo y el espacio», después de siete y medio millones de años de cálculos, proporciona al fin una respuesta a «la pregunta definitiva sobre la vida, el universo y todo lo demás»:

    «Cuarenta y dos»

    Pensamiento Profundo deja pendiente la tarea de encontrar la pregunta correspondiente a esta respuesta. La pregunta será hallada, explica la poderosa máquina, por una computadora aún más potente que integrará elementos orgánicos y que será llamada «la Tierra».

    Un problema cúbico

    En la Tierra del universo real, en septiembre de 2019, investigadores de la Universidad de Bristol y del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés) anunciaron el descubrimiento de la solución a un añejo problema matemático que involucra el número 42. Se trata de un enigma basado en la ecuación diofántica [2]

    k igual

    en donde k es un número entero entre 1 y 100 y x, y, son números enteros.  El problema consiste en encontrar tres números enteros que al sumarlos elevados al cubo den como resultado un número k dado [3].  Para algunos números es fácil encontrar soluciones; por ejemplo el número 1 se puede expresar como la suma (-1)3 + 13 + 13  = 1, de manera que la solución es el conjunto (-1, 1, 1). De hecho, se puede demostrar algebraicamente que para los números uno y dos existe un número infinito de soluciones al problema.

    De igual forma, 29 = 33 + 13 + 13   y  55 = 33 + 33 + 13  =  43 + (-2)3 + (-1)3  . Por el contrario, se ha demostrado que para otros números, como el 32, no existen soluciones. A principios de los años 50 se conocían soluciones sencillas para algunos números, pero la búsqueda de combinaciones adicionales resultaba frustrante.  En 1953, Louis J. Mordell señaló que para el número tres se conocían sólo las soluciones (1, 1, 1) y (4, 4, -5), pero que seguramente debían existir muchas más. Para encontrar esas soluciones, escribió Mordell, sería necesario echar mano de una tecnología nueva para la época: las computadoras electrónicas.

    Dicho y hecho, en 1955 las calculadoras electrónicas habían permitido hallar soluciones para 69 de los números entre 1 y 100 [4]. Las soluciones para el resto de los números involucraban números muy grandes, de más de ocho dígitos y por arriba de la capacidad de cómputo de la época. A través de las décadas, con computadoras cada vez más poderosas y algoritmos más eficientes, los investigadores fueron encontrando soluciones para los números faltantes o demostrando la inexistencia de soluciones en algunos casos.

    Los últimos dos bastiones

    En 2019, restaban sólo dos números recalcitrantes: el treinta y tres y el cuarenta y dos. En marzo de ese año, Andrew R. Booker, de la Universidad de Bristol, publicó en el portal ArXiv una solución para k = 33  con tres números de dieciséis dígitos cada uno [5]. Quedaba como último trofeo de los cazadores de números el 42, la misteriosa respuesta a la pregunta fundamental del universo.

    Booker se asoció con Andrew Sutherland, un experto en cómputo del MIT para mejorar el algoritmo de búsqueda y para incorporar un poder de cómputo mucho mayor que el de cualquier computadora de Bristol (o del mundo). Sutherland es experto en cómputo en paralelo, es decir, en poner a trabajar en un mismo problema a varias computadoras que funcionan independientemente. Para resolver el problema del 42, Booker y Sutherland  lograron la integración de un sistema que conecta miles de computadoras caseras, cada una de las cuales resuelve pequeños segmentos del problema planteado. En conjunto, las computadoras conectadas de esta manera son análogas a la supercomputadora orgánica llamada «la Tierra» en la novela de Adams.

    En septiembre de 2019, Sutherland anunció en su página de internet el hallazgo de una solución que involucraba números de 17 dígitos cada uno [6]:

    42 SutherlandEncontrar esta solución había requerido la friolera de 1.3 millones de horas netas de cómputo, que en todo caso es bastante menos que los siete y medio millones de años que requirió Pensamiento Profundo para hallar una respuesta equivalente. Además, los investigadores presentaron una solución para k =3 con tres números de 21 dígitos cada uno, excediendo por mucho cualquier expectativa de Mordell en 1953 [7].

    Ya resuelto el problema para k = 42 y para el resto de los números del 1 al 100, la búsqueda se ha extendido hacia los números entre 101 y 1000. Booker y Sutherland hallaron soluciones para los números 165 y 906, y quedan solamente por resolver los casos para 114, 390, 579, 627, 633, 732, 921 y 975.

    Falta todavía mucho camino por recorrer en la teoría de números, un universo de lugares y experiencias tanto o más fascinantes que las descritas en las páginas de la guía para hitchhikers de la galaxia.

    Notas y referencias

    [1] El libro se ha traducido al español peninsular como «Guía del autoestopista galáctico», y en él, por supuesto, las supercomputadoras son superordenadores.
    [2] Una ecuación diofántica contiene expresiones polinomiales en las que sólo interesan las soluciones con números enteros.
    [3] Mordell, L. J. (1969). Diophantine equations. Pure and Applied Mathematics 30. Academic Press.
    [4Miller, J. C. P., & Woollett, M. F. C. (1955). Solutions of the Diophantine Equation: x3+ y3+ z3= k. Journal of the London Mathematical Society, 1(1): 101-110.
    [5
    Booker, Andrew R. (2019), Cracking the problem with 33  (PDF), University of Bristol, arXiv:1903.04284
    [6
    http://math.mit.edu/~drew/. Acceso: 24 de noviembre de 2019
    [7
    Hay que recordar que un número de 17 dígitos elevado al cubo tiene al menos 3 x 17 = 51 dígitos.

     

  • Los naranjos de Bernal y el «intercambio colombino»

    Los naranjos de Bernal y el «intercambio colombino»

    En julio de 1518, la expedición de Juan de Grijalva iba de regreso hacia Cuba luego de explorar las costas del Golfo de México. La flota hizo una parada cerca del río Coatzacoalcos, en el sureste del actual estado mexicano de Veracruz. Ahí, según relata Bernal Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España,

    [c]omo había muchos mosquitos […], fuémonos diez soldados a dormir a una casa alta de ídolos. [a un templo de la población nativa].
    […]
    Y junto aquella casa sembré siete u ocho pepitas de naranjas que había traído de Cuba. Y nacieron muy bien: parece ser que los papas de aquellos ídolos [los sacerdotes del templo] les pusieron defensa para que no las comiesen hormigas, e las regaban e limpiaban desque vieron que eran plantas diferentes de las suyas.  He traído aquí esto a la memoria para que se sepa que estos fueron los primeros naranjos que se plantaron en la Nueva España […].

    Años después, cuando Bernal regresó a la región para establecerse ahí por un tiempo,  fue en busca de sus naranjos, los cuales trasplantó a su finca, «e salieron muy buenos». [1]

    Es muy probable que los naranjos de Bernal hayan sido las primeras plantas exóticas (no nativas) cultivadas en territorio de lo que hoy en día es México. [2] La historia de las naranjas y otros cítricos es un buen ejemplo de lo que el historiador Alfred Crosby llamó el intercambio colombino. [3] Con ese término, Crosby se refería a la transferencia entre continentes de productos naturales, costumbres, aspectos culturales, tecnologías y enfermedades que se dio a raíz de la llegada de los europeos al continente americano. 

    Naranjas

    Las naranjas

    Las naranjas de Bernal muy probablemente eran de la variedad agria o amarga, que era la más común en España, aunque no es originaria de ahí. El propio nombre de la planta permite rastrear el origen y periplo intercontinental de este cítrico. La palabra naranja proviene del sánscrito nāraŋga (que se refiere al naranjo, el árbol que produce las naranjas), lo que permite suponer que la planta es originaria del Asia oriental. La planta llegó a España pasando primero por Persia (donde se conoce como nārang) y los países árabes (donde existen las palabras nāranğ para el árbol y nāranğa para la fruta), para finalmente llegar a Europa desde el norte de África. De España, la naranja llegó a Portugal (donde es llamada laranja) y a los ducados italianos, donde se conoció como [la] arancia.

    En algún momento de la Edad Media se asoció la naranja con el oro (tal vez por los destellos de apariencia dorada de su cáscara) y la fruta se llamó aurantium en latín medieval (apelativo que conserva en su nombre científico, Citrus aurantium).  De esta palabra deriva el nombre en francés, inglés y neerlandés (orange, con distintas pronunciaciones en cada idioma).

    En los albores del siglo XVI los portugueses llevaron desde el lejano oriente dos nuevos tipos de cítrico, la naranja dulce o china (Citrus sinensis) y la naranja mandarina —es decir, de los mandarines (Citrus reticulata)—. Como esta última se cultivó primero en Tánger, en el norte de la actual Marruecos, la fruta se conoció en Europa como mandarina o tangerina. En la actualidad, la naranja dulce o china y la mandarina son las variedades más comunes, aunque la original variedad agria se cultiva en algunas regiones, principalmente para consumo local.

    El intercambio colombino y las naranjas

    Se puede decir que el intercambio colombino comenzó con el segundo viaje de Cristóbal Colón en 1494. En esta segunda expedición, el Almirante de la Mar Océano llevó a «las Indias» una gran variedad de plantas y animales para establecerlos en las colonias que había planeado establecer. Así, las embarcaciones del explorador venían colmadas con ovejas, cerdos, caballos, así como semillas y plántulas de numerosas especies vegetales.

    Algunas de estas plantas nunca se dieron en los ambientes de extremo calor y humedad de las islas caribeñas —en los primeros años de las colonias no hubo pan (no se dio el trigo), ni vino (la vid no prosperó), ni aceite de olivo. Otras plantas, por el contrario, prosperaron de inmediato y suplantaron a las especies nativas; pronto el paisaje de las islas colonizadas se transformó en extensos plantíos de caña de azúcar (importada de África), plátanos (traídos de Asia tropical), naranjas y otros cítricos.  «De árboles —escribió el padre Joseph de Acosta—, los que más generalmente se han dado allá [en las Indias] , y con más abundancia, son naranjos y limas, y cidras y fruta de este linaje […] Hay ya en algunas partes, montañas y bosques de naranjales». [4]

    Mercado_de_Naranjas
    Naranjas en el mercado de Sevilla, ca. 1891.  Xilografía de E. Buckman en The graphic. 2 de mayo de 1891. [Wikimedia Commons] . Nótese en primer plano los nopales (cactus introducidos desde el Nuevo Mundo).  De hecho, ni los animales de tiro, ni las telas y pigmentos de las vestimentas, ni los productos que se ofrecen son nativos de España.

    El éxito de estas primeras introducciones de plantas exóticas se vio nublado pronto por otro aspecto del intercambio colombino: el transporte de plagas y enfermedades. Justo cuando Bernal Díaz sembraba sus naranjos en Coatzacoalcos en 1518, comenzó en la isla Española un cataclismo ecológico de proporciones bíblicas, de acuerdo con las crónicas de la época. Bartolomé de las Casas reseña, por ejemplo, que todas las plantaciones de naranjas, granadas y otros cultivos fueron destruidos «de la raíz  para arriba» por lo que parecía una plaga de hormigas que al morder «causaban más dolor que las avispas cuando pican e hieren a los hombres». [5]

    ¿Realmente fueron las hormigas las causantes de la destrucción de los naranjales de la Española? En 2005, Edward O. Wilson propuso una explicación diferente.  [6] Con base en las crónicas de la época, y aplicando su amplio conocimiento sobre la fauna de artrópodos de las islas antillanas, Wilson especula que la introducción de plátanos africanos en 1516 trajo consigo una plaga para el resto de las plantas: los cocoideos o insectos escama, que son diminutos hemípteros que se alimentan de la savia de las plantas. La explosión en las poblaciones de hormigas que los colonizadores observaron se debió, de acuerdo con Wilson, a una respuesta a la superabundancia de los insectos escama. Este es probablemente el ejemplo más antiguo —apenas un par de décadas después de la llegada del explorador genovés— de un desastre ecológico provocado por el intercambio colombino.

    Las naranjas como símbolo del mestizaje

    Los naranjos que sembró Bernal, parte del intercambio colombino, han representado una metáfora de un proceso más general: el mestizaje y la fusión de dos culturas. «[E]l tiempo dejó que las dos sangres se fueran mezclando entre las mil peripecias que constituyen la historia —comenta Alfonso Reyes—, y el destino se sentó a esperar los resultados. Bernal Díaz del Castillo, ya gobernante en Guatemala, corta gozosamente los frutos de los siete naranjos cuyas semillas trajo de España (sic). Sobre la lenta embriología de las nuevas naciones, silencio y esperanza.» [7]

    El naranjoEn forma similar, en la serie de cuentos de El naranjo (1992), Carlos Fuentes usa la omnipresencia de la planta en diferentes regiones del orbe y a través de los siglos como un hilo conductor entre sus historias, todas ellas relacionadas con el aniversario quinientos de la llegada de los europeos al continente americano y del inicio del intercambio colombino y de la mezcla de culturas.

    Hoy en día, el estado de Veracruz es el principal productor de naranja en México. En 2017 había en el estado alrededor de ciento sesenta y ocho mil hectáreas cultivadas con naranjos, que produjeron más de dos millones de toneladas del cítrico. Un progreso notable a partir de los siete humildes naranjos sembrados por Bernal hace quinientos años en una oscura localidad de Coatzacoalcos.

    Referencias

    [1] El relato de Bernal Díaz del Castillo aparece en el capítulo XVI de la edición príncipe de la Historia verdadera (de aquí tomé el primer párrafo de la cita). En el llamado manuscrito de Guatemala, este pasaje está tachado, aunque es perfectamente legible (de aquí se toma el resto de la cita).  Las dos versiones han sido copiadas de la nota en la página 67 de la edición de la Historia verdadera, Academia Mexicana de la Lengua, 2014.

    [2] refiriéndonos, claro, a plantas ajenas al continente americano. Algunas plantas que se cultivaban en Mesoamérica provienen originalmente de otros lugares del continente, como el cacao, las guanábanas, algunos tubérculos, etc.

    [3] Crosby, A. W., Jr. 2003 [1973]. The Columbian exchange. Biological and cultural consequences of 1492. Praeger Publishers, Westport, Connecticut.
    Mann, C. C. 2011. 1493. Uncovering the New World Columbus created. Alfred A. Knopf, Random House.

    [4] Joseph de Acosta.

    [5] Bartolomé de las Casas.

    [6] Wilson, E. O. 2005. Early ant plagues in the New World. Nature 433:32.

    [7] Alfonso Reyes. 1957. Moctezuma y la «Eneida mexicana«. En «A campo traviesa», en la edición de las obras completas de Alfonso Reyes, Fondo de Cultura Económica, XXI: p. 457.

     

  • Se cumplen 500 años del regreso de los caballos a América del Norte

    Hace exactamente quinientos años, el 24 de marzo de 1519, los caballos regresaron a México.

    Ese día se produjo la primera escaramuza a gran escala entre la armada comandada por Hernán Cortés y un grupo militar del territorio de lo que hoy en día es México. La expedición de Cortés había llegado a  los humedales de la desembocadura del río Grijalva, cerca de donde hoy se encuentra el poblado de Frontera, Tabasco, y había encontrado resistencia por parte de un numeroso ejército de mayas chontales. El conquistador mandó preparar el armamento para una posible batalla, la que efectivamente se dio al otro día en la región de los pantanos de Centla.

    caballo conquista

    Entre las armas más poderosas de los invasores se encontraban dieciséis caballos, los primeros animales de su tipo que llegaban a la América continental. O, sería más preciso decirlo así, los primeros de su estirpe que regresaban al continente americano

    El grupo biológico de los caballos se originó en América del Norte hace 55 millones de años, y su evolución se dio prácticamente confinada a ese continente. Hace unos pocos millones de años un pequeño grupo de estos animales emigró al Viejo Mundo y originó todas las especies de caballos, cebras y asnos que sobreviven actualmente (que son seis o siete, dependiendo de la taxonomía que se acepte). Mientras tanto, en Norteamérica los caballos se extinguieron hace unos once mil años, al mismo tiempo que los mamuts y otros representantes de la fauna del Pleistoceno.

    el regreso del caballo

    De esta manera, cuando Cortés y su armada desembarcaron en Tabasco, no había habido caballos vivos en Norteamérica desde hacía once mil años. Los corceles del conquistador eran descendientes de caballos domesticados en el Viejo Mundo. En particular, los caballos españoles provenían de un stock del norte de África, introducido a España por los moros a partir de siglo VIII.

    En 2010 publiqué en la revista Ciencias [1] un ensayo sobre la historia evolutiva de los caballos. Reproduzco aquí un fragmento con la historia de los caballos de Cortés y su papel en la batalla de Centla. [2]

    Fragmento de El regreso del caballo: lo macro y lo micro en la evolución

    La Rabona vaciló al sentir el suave piso de los arenales de Centla. El confinamiento y falta de ejercicio habían hecho mella en aquella yegua rucia y el resto de los caballos que venían en la nave. Después de todo, el viaje por mar desde Cuba había sido largo, especialmente para esos nerviosos animales de guerra. Finalmente, luego de acostumbrarse de nuevo al terreno firme, la Rabona y sus compañeros corrían ágilmente por las extensas planicies de la desembocadura del río Grijalva. Era la tarde del 24 de marzo de 1519 y por primera vez en más de diez mil años la tierra mexicana se cubría con huellas de caballo.

    Al día siguiente, los dieciséis caballos que formaban parte del ejército de Hernán Cortés jugaron un papel central en la batalla de Centla, la primera escaramuza que el extremeño enfrentó en su extraordinaria aventura militar que culminó un par de años después con la caída del Imperio Mexica. Las huestes de Cortés, en número de unos quinientos, enfrentaron a un contingente de más de diez mil mayas chontales. Cuando la batalla parecía perdida apareció la caballería “y aquí — relata Bernal Díaz del Castillo— creyeron los indios que el caballo y el caballero eran todo uno, como jamás habían visto caballos”. El efecto fue espectacular y dramático. Los dieciséis jinetes causaron tal daño al ejército local que algunos soldados juraron haber visto al propio Apóstol Santiago comandando la caballería. “Lo que yo entonces vi y conocí — escribe en cambio el realista Díaz del Castillo— fue a Francisco de Morla en un caballo castaño, y venía juntamente con Cortés”. En poco tiempo, los guerreros indios huyeron despavoridos y Cortés había ganado la primera de muchas batallas en las que los caballos fueron protagonistas.

    Los primeros corceles españoles llegaron al Nuevo Mundo en el segundo viaje de Cristóbal Colón y todavía en el momento de la expedición de Cortés estaban confinados a La Española y Cuba y se contaban entre los bienes más caros en las incipientes colonias españolas. “En aquella sazón […] no se podía hallar caballos ni negros si no era a peso de oro”, explica Díaz del Castillo. En la Probanza de Villa Segura se asienta que Cortés había comprado una yegua por 70 pesos de oro y 150 puercos a un peso y dos reales cada uno. Otras partes del documento afirman que Cortés había desembolsado entre 450 y 500 pesos por cada uno del resto de los caballos, pero solo había gastado 600 pesos para el sueldo de todos los marineros y 200 para el del piloto mayor, Antón de Alaminos. ¿Por qué eran los caballos tan apreciados?

    Para contestar la pregunta basta leer las crónicas de la conquista de América. En cualquier batalla en terreno abierto la presencia de unos pocos soldados a caballo era suficiente para derrotar contingentes de miles de guerreros nativos. En México, Cortés y sus quinientos españoles lograron vencer a un ejército de veinte mil tlaxcaltecas, quienes posteriormente resultaron invaluables aliados del conquistador. En Perú, Pizarro logró la captura de Atahualpa en Cajamarca con un puñado de españoles y en contra de treinta mil elementos de la crema y nata del ejército inca.  Sin duda los españoles tuvieron una ventaja tecnológica con sus espadas y armaduras de hierro y con sus primitivas armas de fuego, pero es innegable el papel protagónico del caballo en la conquista de América.

    Gracias a la meticulosidad de Bernal Díaz del Castillo sabemos que además de la Rabona venían con Cortés otros quince caballos, desde el corcel de Cristóbal de Olid, castaño oscuro y “harto bueno”, hasta el de Baena, un ejemplar overo que “no salió bueno para cosa alguna” y el de Cortés, un castaño zaino que posteriormente murió en San Juan de Ulúa. Esta variedad en la complexión, la capa —color de pelaje— y temperamento de los caballos es un reflejo de la diversidad de formas comprendidas dentro de la categoría genérica de “caballo ibérico”, que incluye una gran variedad de formas, entre las que se encuentran las famosas razas lusitana y andaluza.

    Tanto entre las especies silvestres como entre las domesticadas, la única manera de entender la diversidad presente es estudiando el pasado. […] La historia evolutiva de los caballos, incluyendo la de los dieciseis corceles de Cortés comienza, irónicamente, en Norteamérica hace 55 millones de años.

    […]

     

    [1Arita, H. T. 2010. El regreso del caballo: lo macro y lo micro en la evolución. Revista Ciencias 97:46-55.

    [2] En 2019, el congreso del estado de Tabasco declaró oficialmente la conmemoración del Día de la Batalla de Centla el 25 de marzo de cada año.