Categoría: Historia y prehistoria

  • NUESTROS ANTÍPODAS EXTINTOS

    Antes de llegar al País de las Maravillas, mientras caía a través del hoyo del conejo, Alicia comenzó a imaginarse lo que sucedería si atravesara la Tierra y apareciera en el otro lado del planeta.  «¡Qué divertido sería salir entre esas gentes que andan con la cabeza abajo, y que son los antipatas, creo…!»  [antipathies en el original en inglés].  Antípodas son personas que habitan en lados opuestos de la Tierra, aunque el término también puede emplearse para referirse a dos sitios localizados en lugares opuestos del mundo.  Si imaginamos la Tierra como una esfera, la ruta imaginaria más corta entre un par de antípodas pasaría por el centro del planeta y la geodésica (la distancia más corta entre ellos sobre la superficie curva de la Tierra) mediría 20,000 kilómetros.

    Alicia puede haber tenido mal el nombre de los antípodas, pero estaba en lo correcto cuando se imaginó emergiendo en algún lugar de Nueva Zelanda, ya que ese país está bastante cerca del lado opuesto del mundo desde Inglaterra, e incluso comprende el archipiélago de los Antípodas, localizado al sureste de las islas principales.  Más precisamente,  los antípodas de los neozelandeses son los españoles, como podemos ver en el mapa a la izquierda.  Para encontrar el lugar donde viven nuestros antípodas debemos cambiar el signo de la latitud (siendo la latitud sur negativa y la latitud norte positiva) y sumar o restar 180 grados a nuestra longitud.  De esta manera, podemos constatar que si cayéramos por el hoyo del conejo de Alicia desde la ciudad de México, apareceríamos en un lugar del Océano Índico localizado a 19° 25′ 48″ S y 80° 51′ 46″ E.  Desafortunadamente para nosotros, nos encontraríamos en la mitad del mar, sin tierra alguna a la vista.

    El accidente geográfico más cercano a nosotros sería la depresión de Langseth (Langseth Trough), una especie de cañón submarino con una profundidad máxima de poco más de cinco kilómetros localizado a unos 100 kilómetros al noroeste de nuestro punto de emergencia.  Curiosamente, si iniciáramos nuestro viaje a través del centro de la Tierra en la depresión de Langseth, emergeríamos del otro lado de la Tierra a unos 34 kilómetros de Zihuatanejo, en el estado mexicano de Guerrero.

    Sin contar algunos picos volcánicos que apenas asoman del mar, la tierra firme más cercana a la antípoda de la ciudad de México es la isla de Rodrigues, en el archipiélago de las Mascareñas que forman la nación de Mauricio.  Los antípodas de los mexicanos son, entonces, los 40,000 habitantes de Rodrigues, en su mayoría de ascendencia francesa y africana y que hablan un tipo de lengua criolla basada en el francés.  La isla toma su nombre de Diogo Rodrigues, un explorador portugués que avistó las islas Mascareñas a principios del siglo XVI.

    Si por alguna razón nos interesaran nuestros antípodas no humanos, nos llevaríamos una enorme decepción.  La gran mayoría de las especies de animales nativos de la isla, todos ellos endémicos (es decir, que no se encontraban en ningún otro sitio) se extinguieron pocos años después de la colonización europea.  El más curioso de ellos era sin duda el solitario de Rodrigues, un ave no voladora cercanamente emparentada con el dodo de la isla Mauricio.  El solitario fue visto por primera vez por los europeos en 1691 y para 1755 había ya desaparecido de la isla.  Según los relatos de la época, los colonizadores gustaban de la carne de estas aves, particularmente la de los polluelos.

    Junto con los solitarios desaparecieron varias otras especies de aves: palomas, lechuzas, pericos, gallaretas, etc.  Actualmente solo persisten dos especies de aves paseriformes.  También desaparecieron dos especies de lagartijas y dos de tortugas terrestres gigantes.  El único mamífero originario de la isla, el murciélago de la fruta de Rodrigues, aún existe pero se considera en peligro de extinción.

    Este impresionante proceso de extinción es, desafortunadamente, típico de islas como la de Rodrigues.  La fragilidad de estos ecosistemas y la ausencia de adaptación de las especies nativas a depredadores tan feroces como el ser humano y sus animales domésticos hacen que la extirpación de faunas enteras en las islas sea la norma y no la excepción.  ¿Debemos lamentarnos o preocuparnos por los sucesos que han tenido lugar literalmente al otro lado del mundo?  Tal vez debemos aprender alguna lección en la historia de nuestros antípodas extintos y evitar en la medida de lo posible un futuro similar para nuestros propios animales.

     

    Referencias y notas

    Carroll, L. 2002. Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas / Al otro lado del espejo. Valdemar. Madrid [Traducción de Mauro Armiño].
    Day, D. 1989. Vanished species.  Gallery Books.  Nueva York.
    Se puede encontrar fácilmente la antípoda de cualquier sitio de la Tierra usando wolframalpha.
    Un mapa más detallado de los antípodas puede consultarse en el sitio de National Geographic.

    Figuras

    1. Ilustración de John Tenniel para Alicia en el País de las Maravillas.
    2. Mapa de los antípodas.  Un habitante de un continente marcado en magenta debe buscar su antípoda en los continentes dibujados en azul y viceversa. El color oscuro denota pares de sitios en tierra firme que son antípodas.   Tomado de Wikipedia.
    3. El solitario de la isla Rodrigues, ilustrado por Frederick William Frohawk.
    4. La tortuga terrestre gigante de Rodrigues.

  • LA CURIOSA HISTORIA DEL CANGREJO SAMURAI

    La batalla naval de Dan-no-ura marcó el final del clan de los Taira (o Heike).  El 25 de abril de 1185, las fuerzas del clan de los Genji, lideradas por Minamoto no Yoshitsune, aplastaron a los Heike en el encuentro final de una guerra de cinco años que fue la culminación de décadas en conflicto por el control del poder en el Japón del siglo XII.  Al presentir el final, la abuela del emperador Antoku tomó al niño de apenas siete años en sus brazos y se arrojó al mar, en donde los dos se ahogaron.  Igual suerte corrieron muchos de los valerosos guerreros Heike, incluyendo su líder Tomomori.  Según el Heike monogatari (la épica del clan Heike), el espíritu de estos guerreros vive aún en las profundidades del mar de Japón.

    La trágica historia de los Heike se recrea en las leyendas y en varias representaciones del kabuki, el estilizado teatro japonés.  Una de las leyendas afirma que el espíritu de los guerreros ahogados en Dan-no-ura subsiste en una especie de cangrejo local, llamado precisamente heikegani (Heikea japonica).  En estos animales, el dorso del caparazón presenta curiosas rugosidades que semejan una cara humana gesticulando a la manera de un estoico guerrero japonés. Según la leyenda, los Heike se transformaron en estos cangrejos al hundirse en las aguas de Dan-no-ura, tal como se puede ver en la ilustración de la derecha, tomada de un grabado en madera de Utagawa Kuniyoshi, que data del siglo XIX.

    En 1952, en un artículo de la revista Life, Julian Huxley se refirió a los cangrejos Heike como un ejemplo de animales que en su morfología semejan algo diferente, en este caso una cara humana.  Huxley, uno de los biólogos de la primera mitad del siglo XX que con mayor vigor defendieron la idea de que la selección natural es la principal fuerza atrás del proceso de evolución, insiste en el artículo en que el peculiar aspecto de los heikegani no puede deberse a la casualidad.  Es, afirma Huxley, «una adaptación específica que solo pudo haber sido producida por selección natural actuando a lo largo de cientos de años.»  Según Huxley, los pescadores evitan comer aquellos cangrejos con mayor semejanza a una cara humana, de manera que a lo largo de las generaciones estos animales fueron favorecidos por la selección (en este caso artificial) y son hoy en día más frecuentes que los cangrejos con menor parecido a una cara.

    La hipótesis de Huxley fue retomada años más tarde por Carl Sagan en el episodio Una voz en la fuga cósmica de su serie de televisión Cosmos para ilustrar, con su inigualable elocuencia, el concepto de la selección artificial.  «¿Cómo se consigue que el rostro de un guerrero quede grabado en el caparazón de un cangrejo?» se pregunta en forma retórica Sagan.  «La respuesta parece ser que fueron los hombres quienes hicieron la cara.»  La explicación de Sagan es básicamente la misma que la de Huxley: En un pasado remoto pudieron haber surgido algunos cangrejos con una ligera semejanza a una cara humana.  Los pescadores, al observar el parecido y por respeto a los guerreros ancestrales, habrían regresado a estos cangrejos al mar, permitiendo su supervivencia y reproducción.  Después de cientos de años, los cangrejos más comunes tenderían a ser los más parecidos a una cara.  Un bello ejemplo de selección artificial. ¿O no?

    La realidad es que es muy poco probable que la morfología del caparazón de los heikegani tenga algo que ver con los pescadores japoneses, y mucho menos con los guerreros samurais del siglo XII.  En 1993, Joel Martin publicó en la revista Terra un análisis de la hipótesis Huxley/Sagan y, no sin cierto dejo de tristeza, presentó varias piezas de evidencia en contra.  Para empezar, hay que recordar que las rugosidades en el caparazón de los cangrejos resultan de la configuración de los sitios en los que los músculos se insertan.  Las formas que vemos en el caparazón probablemente sí están sujetas a selección natural, pero por razones funcionales.  Como Martin señala, existen muchas especies de cangrejos, además de los heikegani, en las que se pueden observar figuras semejantes a rostros humanos.

    Existen también fósiles de cangrejos emparentados con los heikegani en los que aparecen los supuestos rostros.  Estos fósiles provienen por supuesto de tiempos anteriores a la batalla de Dan-no-ura (de hecho son más antiguos que el ser humano).  En todo caso, la fuerza de selección propuesta por Huxley no existe: los pescadores japoneses ni siquiera se comen estos cangrejos, independientemente de si tienen o no «caras» en el caparazón.  De hecho, los heikegani son tan pequeños (hasta tres centímetros) que realmente no vale la pena siquiera intentar extraer algo de carne de ellos.  En suma, la hipótesis de Huxley y Sagan, por bella que parezca, no se sostiene ante los hechos científicos.

    La historia de los heikegani es un ejemplo de lo que T. H. Huxley, el abuelo de Julian, llamó «la gran tragedia de la ciencia: la muerte de una bella hipótesis en manos de una horrible verdad.»

    Referencias

    Huxley, J. S.  1952. Evolution’s copycats.  Life, 30 de junio de 1952.
    Martin, J. W. (1993). The Samurai Crab.  Terra 31 (4): 30–34.
    Sagan, C. 1980.  Cosmos: A personal voyage.  La historia de los heikegani puede verse en Youtube

    Figuras

    1. Nasu no Yoichi, guerrero Genji del siglo XII.  Museo Watanabe, Tottori.
    2. El fantasma de Taira Tomomori, guerrero Heike del siglo XII.  Grabado en madera de Utagawa Kuniyoshi (siglo XIX).
    3. Paradorippe granulata, un pariente cercano del cangrejo heikegani, mostrando «la cara humana» en el dorso del caparazón.  Tomado de Martin 1993.
    4. La palabra «samurai» en kanji.

  • PANGLOSS, COLÓN Y LA SÍFILIS

    Enfermo de sífilis. Atribuido a Durero

    En Cándido, o el Optimismo, Voltaire[1] satiriza a los idealistas y nos presenta a Pangloss, un optimista empedernido que siempre encuentra una causa positiva a las peores desgracias.  Al hablar sobre la sífilis que lo aqueja, Pangloss empieza por describir cómo adquirió “los tormentos del infierno” por haber gustado “las delicias del paraíso” en brazos de una bella doncella y de cómo el germen a su vez provenía en sucesión de un franciscano, una condesa, un capitán, una marquesa, un paje, un jesuita y finalmente, “en línea directa, de uno de los compañeros de Cristóbal Colón.»  A pesar de su sufrimiento, Pangloss afirma que la enfermedad es un elemento indispensable en el mejor de los mundos, porque “si Colón no hubiera atrapado en una isla de América esa enfermedad que emponzoña la fuente de la generación, […] no tendríamos ni el chocolate ni la cochinilla.”

    Tradicionalmente se ha atribuido a la sífilis un origen americano, porque la primera epidemia importante de la enfermedad en Europa se produjo poco después del regreso de Colón, en 1494 durante el sitio de Nápoles por las tropas francesas.  Debido a su naturaleza venérea y la propensión a aparecer en puertos y otros lugares llenos de viajeros, no tardó la enfermedad en ganar nombres peyorativos y llenos de xenofobia.  En Italia se le llamó “la enfermedad francesa”; en reciprocidad, los franceses la conocieron como “la enfermedad italiana”, pero era “la enfermedad española” en Holanda, “la enfermedad polaca” en Rusia y “la enfermedad cristiana” en Turquía.

    Para apoyar la hipótesis de que Treponema pallidum, la bacteria de la sífilis, entró en Europa con los primeros viajeros al Nuevo Mundo, Jared Diamond[2] señala la agudeza con la que la enfermedad azotaba a los europeos a finales del siglo XV, cuando las pústulas los cubrían de cabeza a pies, la carne literalmente se caía a pedazos y la muerte sobrevenía en cosa de unos cuantos meses.  Ya a mediados del siglo XVI la enfermedad había evolucionado hacia una forma un poco más benigna, más parecida a la actual.

    Tratamiento con mercurio (ca. 1496)

    Sin embargo, desde hace mucho tiempo se ha remarcado también que algunos escritos europeos antiguos describen padecimientos con síntomas muy similares a los de la sífilis.  Algunos escritos de Hipócrates, por ejemplo, parecen describir los chancros genitales característicos de la infección por Treponema.  Se ha especulado también que “la lepra” que aparece innumerables veces en la Biblia podría en realidad corresponder a la sífilis.  Por ejemplo, uno de los suplicios que tuvo que soportar Job fue el quedar cubierto “con una úlcera maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza.”  También algunos escritos medievales describen pústulas semejantes a las de la sífilis, y recomiendan el uso de mercurio para su tratamiento.

    Dadas las evidencias a favor y en contra, y aunque la mayoría de los expertos considera que un origen americano de la enfermedad es el escenario más probable, no existe certeza completa al respecto.

    Hace unos días circuló en los medios masivos de comunicación una nota en la que se anunció el descubrimiento de pruebas, en apariencia irrefutables, de la presencia de la sífilis en Europa antes de Colón[3].  Brian Connell y su equipo, del Museo de Londres analizaron más de cinco mil restos óseos de personas enterradas en el Hospital de Santa María, en Londres, en los siglos XIII y XIV.  De acuerdo con las notas periodísticas, en al menos 25 de los esqueletos se encontraron lesiones que inequívocamente se pueden identificar como signos de sífilis.

    Si estos resultados se confirman, se refutaría la hipótesis del origen americano de la sífilis y de su introducción a Europa por los hombres de mar de Cristóbal Colón.  Sin embargo, es necesario aguardar a que Connell y su equipo sometan sus resultados al escrutinio de alguna revista científica antes de emitir un juicio a favor o en contra del almirante genovés.

    La moral es una enfermedad venérea.  Su primera fase se llama virtud.  Su segunda fase aburrimiento y la tercera, sífilis.

    Karl Kraus (1874-19 36).  Escritor y periodista austriaco.

    Actualización, octubre de 2015. El artículo de B. Connell y sus colaboradores se publicó este año [4]. Las conclusiones de este artículo científico son más cautas que las noticias que aparecieron en 2010: se habla de que los datos sugieren la presencia de sífilis en Europa antes de 1492.

    [1] Voltaire.  2006.  Cuentos completos en prosa y verso.  Traducción de M. Armiño y M. Domínguez.  Ediciones Siruela/Fondo de Cultura Económica, México.

    [2] Diamond, J. D. 1997. Guns, germs, and steel. The fates of human societies. W. W. Norton, Nueva York.

    [3] Por ejemplo, esta nota del Discovery Channel

    [4] Walker, D., Powers, N., Connell, B. et al. (2015) Evidence of skeletal treponematosis from the medieval burial ground of St. Mary Spital, London, and implications for the origins of the disease in Europe. American Journal of Physical Anthropology, 156, 90-101.