Categoría: Especies extintas

  • Las extinciones pleistocénicas y el verdadero descubrimiento de América

    Los libros de historia nos dan una fecha precisa para el descubrimiento de América. Es más, las narraciones de Cristóbal Colón recogen incluso el nombre del primer español en avistar tierra del Nuevo Mundo. En la madrugada del 12 de octubre de 1492, Rodrigo de Triana, desde el puesto de vigía de La Pinta, logró divisar la costa de una de las islas de las Bahamas a la que los exploradores llamaron San Salvador. Posteriormente, el propio almirante Colón se adjudicó la primicia del descubrimiento, argumentando que la noche anterior él había observado brillos en el horizonte que le sugirieron, según él mismo relata, la presencia de tierra. En realidad, ni Colón ni De Triana fueron los primeros europeos en observar América: siglos atrás, los vikingos ya habían construido colonias en Groenlandia y habían explorado las tierras de lo que ahora es el norte de Canadá.

    En cualquier caso, si se trata de adjudicar a alguien el título de «descubridor de América», la distinción tendría que ser otorgada a alguno de los inmigrantes provenientes de Asia que hace más de diez mil años comenzaron la colonización del Nuevo Mundo. Hay que recordar que buena parte de la evolución temprana del género Homo se dio en África y, posteriormente, en Asia y Europa. Los primeros seres humanos en Australia llegaron ahí hace unos 40,000 años, pero América fue un territorio inexplorado por varios miles de años más.

    Punta tipo Clovis. Virginia Dept. of Historic Resources

    Existe controversia respecto al tiempo en el que se produjo este auténtico descubrimiento de América. Según una de la hipótesis, los primeros pobladores humanos habrían sido los grupos que desarrollaron la llamada tecnología Clovis y que habrían llegado a América hace unos 13,000 años. Las herramientas Clovis son llamadas así por un sitio en Arizona en donde se encontraron las piezas usadas en la primera descripción. Se trata de puntas de piedra talladas siguiendo un patrón particular en el que se logra un instrumento puntiagudo y afilado en los lados que se podía colocar en el extremo de una lanza de madera. Estas piezas constituyen auténticos trabajos de alta tecnología si se les compara con las rudimentarias piezas de piedra o hueso talladas rústicamente que se encuentran en sitios arqueológicos más antiguos.

    Según la hipótesis que propone a los Clovis como los primeros pobladores de América, estas puntas habrían dado a sus poseedores la capacidad de cazar animales de gran talla, incluyendo los mamuts. La extinción de la llamada megafauna (mamíferos con un peso superior a 50 kg) se habría dado en gran medida, según esta hipótesis, por la intensa cacería de los grupos humanos con la tecnología Clovis. La extinción de unos quince géneros de mamíferos de gran tamaño se produjo al final del Pleistoceno, unos cuantos cientos de años después de la aparición de la tecnología Clovis. Entre los mamíferos extintos en este periodo destacan los mamuts y mastodontes, varias especies de caballos, camellos, ciervos, antílopes y perezosos, además de diversos carnívoros como lobos, felinos dientes de sable y osos de rostro chato.

    Cacería de mamut. Museo Nacional de Antropología, México

    Otras hipótesis hablan de colonizaciones anteriores a la cultura clovis, hace 20, 30 o incluso 50 mil años. Un par de artículos en la revista Science en mayo de 2008 presentaron evidencia sólida de la presencia humana con anterioridad a la tecnología Clovis. Tom Dillehay, de la Universidad Vanderbilt, y sus colaboradores fecharon fragmentos de algas marinas halladas en Monte Verde, en el sur de Chile, en más de 14,500 años antes del presente. Esto no sólo demuestra la presencia humana a 15 mil km del estrecho de Bering mil quinientos años antes de la aparición de los Clovis, sino que sugiere que en la dieta de los grupos humanos que se asentaron ahí el alimento marino era un componente fundamental. En el otro artículo de Science, Thomas Gilbert, de la Universidad de Copenhage, y sus colaboradores, encontraron en un sitio en Oregon, Estados Unidos, heces fecales humanas con restos de semillas y otros productos vegetales para las que establecieron una antigüedad de 14,400 años.

    Más recientemente, el grupo de investigación de Michael Waters de la Universidad de Texas A&M ha acumulado evidencia de grupos humanos que colonizaron la costa de lo que ahora es Estados Unidos hace más de 15 mil años. En un artículo publicado en octubre pasado, Waters y sus colegas presentaron evidencia de la cacería de un mastodonte por un grupo pre-Clovis hace 13,800 años. En el sitio denominado Manis, el grupo de Waters encontró un pedazo de hueso de mastodonte incrustado en la costilla de otro mastodonte. La única explicación plausible para este hallazgo es que el pedazo de hueso extraño haya sido parte de un proyectil fabricado por una cultura que antecedió a la Clovis.

    Toda esta evidencia apoya la idea de una o más colonizaciones de América con anterioridad a la aparición de la tecnología Clovis. Más aún, se está acumulando cada vez más evidencia de una posible ruta marina que permitió a estos primeros colonizadores llegar hasta los confines de Sudamérica en relativamente poco tiempo, mucho antes de lo que hubiera sido posible mediante una dispersión por vía terrestre. Algunos investigadores han propuesto antigüedades de 30 mil o más años para algunos sitios en México y América del Sur, pero estos datos requieren aún de verificación.

    Lo que sí es un hecho es que la teoría que afirma que la extinción masiva de la megafauna a finales del Pleistoceno coincidió con la aparición de la tecnología que permitió a los grupos humanos cazar los grandes herbívoros ha sufrido importantes reveses en los últimos años. Es más probable que la desaparición de los grandes mamíferos pleistocénicos se haya debido a una combinación de factores naturales (como cambios en el clima y fluctuaciones en la distribución de los glaciares) y causados por el ser humano (como la cacería y la modificación de microambientes).

    Referencias
    Dillehay, T. D. et al. 2008. Monte Verde: Seaweed, food, medicine, and the peopling of South America. Science 320:784-786.
    Gilbert, M. T. P. et al. 2008. DNA from pre-Clovis human coprolites in Oregon, North America. Science 320:786-789.
    Waters, M. R. et al. 2011. Pre-clovis mastodon hunting 13,800 years ago at the Manis Site, Washington. Science 33:351-353.

    Nota agregada el 5 de marzo 2012. Un artículo de Isabel Israde-Alcántara, de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, y colaboradores presenta evidencia de la colisión de un objeto espacial contra la Tierra hace 12,900 años. Los investigadores encontraron en sedimentos del lago Cuitzeo, en Michoacán, México, una capa con estructuras minerales que sólo pueden ser explicadas como productos de una colisión espacial que dejó marcas similares en otras partes de la Tierra. Como la antigüedad de la capa coincide con las extinciones de la megafauna pleistocénica, los autores sugieren que sus datos apoyan la hipótesis de que el choque de un cuerpo espacial pudo haber desencadenado cambios en el clima que condujeron a la extinción de los grandes mamíferos de la época.

    Israde-Alcántara, I. et al. 2012. Evidence from central Mexico supporting the Younger Dryas extraterrestrial impact hypothesis. Proceedings of the National Academy of Sciences of the US, early edition, 10 pp. (publicado en línea el 5 de marzo de 2012).


  • Sirenas míticas, vivas y extintas

    Sirenas y el arca de Noé. Biblia de Nurenberg 1483. Nótese el perro sirena.

    Si en tierra firme los unicornios son los seres míticos por excelencia, en los mares ese papel sin duda pertenece a las sirenas. En las mitologías de todo el mundo aparecen criaturas parcialmente humanas que son capaces de vivir bajo el agua y que generalmente libran extraordinarias aventuras submarinas.

    Curiosamente, las sirenas de la mitología griega, como las que asediaron a los hombres de Ulises en su viaje de retorno de Troya, se representaban más bien con forma humana pero con alas y su atributo principal era su irresistible canto. En inglés y otros idiomas se distingue entre este tipo de sirenas (sirens) y las más conocidas que son mitad mujer y mitad pez (mermaids). Existen historias de sirenas o seres similares en relatos asirios de casi tres mil años de antigüedad, en algunos cuentos de Las mil y una noches, en escritos chinos e indios, en leyendas medievales europeas y en las tradiciones de varias culturas de América y de África.

    "Manatus latirostris" Johann Andreas Fleischmann

    Cuando los viajeros europeos comenzaron a explorar los mares tropicales de África y de Asia, se toparon con animales reales que les recordaban en todos sentidos a las sirenas sobre las que habían escuchado en los relatos de la época. Se trataba de los dugongos de los océanos Índico y Pacífico y de los manatíes del Atlántico africano. Estos mamíferos marinos son clasificados en el orden Sirenia, un nombre que hace alusión a su semejanza con las sirenas de las leyendas. Los sirenios tienen un cuerpo rechoncho de varios cientos de kilogramos, carecen de extremidades posteriores y su cola está transformada en una poderosa aleta. Se trata de mamíferos que se alimentan exclusivamente de pastos marinos, por lo que están restringidos a las aguas someras cercanas a los continentes en donde pueden encontrar alimento. No es difícil imaginar la sorpresa con la que los marinos del siglo XV habrían observado a estos dóciles animales, tomándolos sin la menor duda como auténticas sirenas.

    Después del descubrimiento de América, los viajeros europeos se toparon con una tercera especie de sirenio, el manatí del Caribe, que se distribuye en la costa atlántica de América, desde Brasil hasta el sur de los Estados Unidos. De hecho, Cristóbal Colón observó tres de estos animales en enero de 1493 cuando navegaba en las cercanías de la isla Española. El almirante genovés describió los animales como sirenas, aunque comentó que «no eran ni la mitad de bellas de lo que las pintan.» Los exploradores portugueses descubrieron posteriormente otra especie de manatí habitando las aguas del río Amazonas.

    En 1741, la expedición de Vitus Bering a los mares del Ártico descubrió –para la ciencia europea– un tipo de sirenio muy especial. La vaca marina de Steller, llamada así en honor del naturalista que acompañó a Bering en sus viajes, era un gigante entre los sirenios pues llegaba a medir hasta nueve metros y pesar más de seis toneladas. La docilidad de este animal y la ferocidad con la que fue cazado por los viajeros europeos llevaron a la especie a la extinción menos de 27 años después de su descubrimiento para la ciencia.

     Aunque los sirenios como grupo tienen una distribución amplia en los mares tropicales, en un lugar particular nunca se puede encontrar más de una especie. Los manatíes se encuentran en las costas del Atlántico (dos especies en América, una en África), mientras que el dugongo es característico del océano Índico del Pacífico de Asia y Oceanía. La vaca marina de Steller, por su parte, se restringía a los mares fríos del Pacífico norte. Sin embargo, un estudio reciente ha recalcado el hecho de que en el registro fósil existe evidencia de que en el pasado los sirenios eran más diversos.

    La diversidad de sirenios en el pasado. Ilustración de Carl Buell (http://carlbuell.com)

    Jorge Vélez-Juarbe y sus colaboradores examinaron el registro fósil de los dugóngidos en los últimos 26 millones de años y analizaron tres casos en los que se puede documentar la co-existencia de especies bien diferenciadas de sirenios. En cada uno de los sitios,  uno del Oligoceno de Florida, uno del Mioceno en la India y otro del Plioceno de México habitaban al menos tres especies de dugongos de diferentes tamaños. El análisis morfológico sugiere que las especies se diferenciaban no sólo por el tamaño sino por la especialización en su alimentación. Estos datos corroboran cómo la baja diversidad de sirenios que vemos en la actualidad en realidad es una excepción en la historia evolutiva del grupo. Las sirenas reales, o mejor dicho los animales del orden Sirenia, fueron mucho más diversos en el pasado.

    Referencias
    Velez-Juarbe J , Domning DP , Pyenson ND. 2012. Iterative evolution of sympatric seacow (Dugongidae, Sirenia) assemblages during the past ∼26 million yearsPLoS ONE 7(2): e31294.
    La página de Carl Buell en Facebook contiene bellas ilustraciones científicas, incluyendo la de los sirenios fósiles.

  • Los elefantes del Sultán de Sulu

    Elefantes en la corte del rajá de Travancore, India, 1841

    A principios de julio de 1521 la expedición originalmente liderada por Fernando de Magallanes arribó a la isla de Borneo. Apenas unas semanas antes, el 27 de abril, el capitán Magallanes había muerto durante una desafortunada escaramuza con los Lapu-Lapu, los habitantes indígenas de la isla de Mactán, que hoy en día es parte de la Filipinas. El 15 de julio, una delegación de los visitantes fue recibida en el palacio de Siripada, el rajá de Burné (Borneo). La corte del rajá, pletórica de oro, perlas, seda y porcelana, llenó de asombro a los europeos que por primera vez llegaban a esas tierras. Se hablaba de la existencia de un par de perlas del tamaño de un huevo y de otras riquezas inimaginables. Antonio Pigafetta, cronista de la expedición, narra la extraordinaria experiencia en su libro Primer viaje en torno del Globo:

    Al llegar a la ciudad tuvimos que esperar dos horas en la piragua a que vinieran dos elefantes cubiertos con gualdrapas de seda y doce hombres con sendos vasos de porcelana cubiertos de seda para colocar en ellos los regalos.

    La de Pigafetta es la primera mención por un europeo de los elefantes de la isla de Borneo. Resulta un misterio que cronistas posteriores de expediciones europeas no mencionan para nada a los paquidermos de la isla, dado que existe una pequeña población de un poco más de un millar de estos animales en las tierras bajas del noreste de la isla, principalmente en la región malaya de Sabah y en las zonas adyacentes de la región de Kalimantán, Indonesia.

    Distribución del elefante asiático. Mapa: IUCN

    El elefante asiático se distribuye actualmente en poblaciones aisladas en India, el sureste del continente y en las islas de Sri Lanka, Sumatra y Borneo. Los elefantes de esta última población, por su lejanía del resto de los grupos, ha llamado siempre la atención de los esfuerzos de conservación. Hace unos años, un estudio comparativo de DNA (Fernando et al. 2003) demostró que los elefantes de Borneo representan una línea que se separó de las poblaciones del sureste de Asia y de Sumatra hace unos 300,000 años. Ante esta evidencia, los esfuerzos de conservación en Borneo se incrementaron.

    Años más tarde, en 2008, el Conde de Cranbrook, quien es curador honorario en el museo de Historia Natural de Sarawak, Malasia, y sus colaboradores, propusieron una interpretación alternativa a los resultados del estudio molecular. Cranbrook et al. señalaron que en Borneo no hay rastros de elefantes en sitios arqueológicos y que el reporte de material encontrado en una cueva con depósitos de 45,000 años de antigüedad es dudoso. Por el contrario, en la isla de Java, en donde los elefantes desaparecieron poco después de la llegada de los europeos, hay evidencias de la existencia de estos animales tanto en sitios arqueológicos como en depósitos de decenas de miles de años de antigüedad.

    Elefante de Borneo. Fernando et al. 2003

    Cranbrook y sus colegas proponen que los elefantes de Borneo son descendientes de la población de Java. Según esta hipótesis, los elefantes de Borneo habrían sido importados por los diferentes rajás de Sulu durante el siglo XV, o incluso podrían haber sido parte de ostentosos obsequios por parte del rajá de Java a su contraparte en Sulu. El sultanato de Sulu prosperó en las islas del sur de lo que hoy en día son las Filipinas y en el norte de Borneo. Se sabe por registros históricos como el de Pigafetta que los elefantes eran elementos comunes en las cortes de la región, aunque es claro que este animal no es natural en las islas de Filipinas. De acuerdo con la hipótesis de Cranbrook y sus colegas, los elefantes de Borneo serían descendientes de animales que habrían escapado del cautiverio y serían en realidad descendientes de animales provenientes de Java. Esta explicación es consistente con los resultados del estudio molecular, ya que los elefantes en Java podrían haber evolucionado independientemente de las poblaciones del Asia continental, generando un patrón como el encontrado por ese estudio.

    Si Cranbrook y sus colaboradores están en lo correcto, los elefantes de Borneo serían un ejemplo muy curioso de supervivencia de un animal muy particular, el elefante de Java, en un sitio lejano al de su origen. El movimiento habría resultado además como consecuencia de la vanidad de los sultanes de Sulu por poseer estos animales en sus cortes.

    Referencias
    Cranbrook, Earl of, J. Payne, C. M. U. Leh.. 2008. Origin of the elephants Elephas maximus L. of Borneo. Sarawak Museum Journal.
    Fernando P., et al. 2003. DNA Analysis Indicates That Asian Elephants Are Native to Borneo and Are Therefore a High Priority for ConservationPLoS Biol 1 (1): e6.
    International Union for Conservation of Nature (IUCN). http://www.iucnredlist.org/. Mapa obtenido el 4 de febrero de 2012.
    Pigafetta, A. (1922) Primer viaje en torno del Globo. Traducción de Federico Ruiz Morcuende. Madrid, Calpe. (Edición del cuarto centenario del viaje de Magallanes).