Autor: Héctor T. Arita

  • El gigante de los ríos de Marruecos

    Spinosaurus aegypticus en Parque Jurásico III
    Spinosaurus aegypticus en Parque Jurásico III

    En la tercera entrega de la saga de películas de Parque Jurásico, el tiranosaurio es desbancado de su sitio de honor como el dinosaurio más temible por un extraño contendiente, un enorme animal con unas impresionantes mandíbulas alargadas y una extraña «vela» en el dorso. «Piensa en algo grande», le dice el paleontólogo Alan Grant a su aprendiz Billy Brennan. «Spinosaurus aegypticus«, concluye con voz sombría luego de sobrevivir al ataque de uno de estos animales.

    En la película, el espinosaurio se muestra como un gigantesco depredador, más grande que el tiranosaurio y capaz de correr ágilmente sobre sus patas traseras, aunque con la habilidad de usar las delanteras para mover objetos y aún para doblegar a sus presas. Casi al final de la película se le muestra también nadando sumergido en un río, con la vela dorsal sobresaliendo del agua como si fuera la aleta de un tiburón, momentos antes de asolar a los atribulados protagonistas de la película con un nuevo y terrorífico ataque.

    La vela delata la presencia de un espinosaurio nadando en un río en Parque Jurásico III
    La «vela» delata la presencia de un espinosaurio nadando en un río en Parque Jurásico III

    Spinosaurus aegypticus fue descrito en 1915 por Ernst Stromer, basado en unos pocos huesos fósiles encontrados en Egipto en sedimentos del Cretácico medio (hace

    Los huesos fósiles examinados por Stromer en 1915
    Los huesos fósiles examinados por Stromer en 1915

    alrededor de 100 millones de años). Stromer identificó una serie de extrañas espinas dorsales que interpretó como soportes para una especie de joroba que podría haber servido al espinosaurio para almacenar grasa, como lo hacen por ejemplo los bisontes de la actualidad.  Stromer dedujo que el espinosaurio era un depredador de gran tamaño, pero nunca logró comprender del todo las peculiaridades del animal y solamente pudo concluir que se trataba de una forma «altamente especializada».

    Los fósiles originalmente examinados por Stromer se perdieron cuando el museo de la ciudad de Munich fue destruido en 1945 durante los bombardeos de las fuerzas británicas al final de la Segunda Guerra Mundial. Afortunadamente, las detalladas ilustraciones y las prolijas descripciones de Stromer se conservaron y a través de ellas fue posible durante décadas, a pesar de la ausencia de material nuevo, especular sobre la historia natural del extraño espinosaurio.

    Más recientemente, con el descubrimiento de material adicional, se llegó a una especie de consenso respecto al posible aspecto del espinosaurio: Un depredador enorme (de hasta 15 metros de longitud y hasta 20 toneladas de peso), bípedo pero con patas delanteras mucho más robustas que las del tiranosaurio, con un hocico alargado y armado de dientes que, a diferencia de los de otros dinosaurios carnívoros, eran cónicos y puntiagudos. La característica más sobresaliente, sin embargo, era la presencia de la «vela» dorsal (una estructura cubierta posiblemente con piel delgada) y no de una joroba como pensaba Stromer. Se especuló que la vela podría servir para regular la temperatura.

    Reconstrucción de Spinosaurus aegypticus
    Reconstrucción de Spinosaurus aegypticus

    La imagen del espinosaurio como aparece en Parque Jurásico III corresponde con las reconstrucciones que de la especie se habían hecho hasta 2001, cuando se estrenó la película. La idea del espinosarurio nadador posiblemente se basó en las especulaciones de que Baryonyx, un pariente cercano de Spinosaurus, podría haber tenido una dieta basada en los peces, a juzgar por la morfología de las mandíbulas y la estructura de los dientes.

    Estas especulaciones parecen ser confirmadas por un estudio publicado esta semana (el 11 de septiembre de 2014) en la revista Science por un grupo encabezado por Nizar Ibrahim y Paul Sereno, de la Universidad de Chicago en el que describen sus hallazgos al examinar un ejemplar particularmente completo hallado en los sedimentos de la región de Kem Kem en Marruecos, correspondientes a una antigüedad de 97 millones de años. En el Cretácico medio, las zonas desérticas del norte de África eran parte de un extenso sistema de caudalosos ríos y grandes lagunas; el sitio de Egipto de donde provino el material de Stromer y los sedimentos de Kem Kem eran los extremos oriental y occidental, respectivamente, de este fabuloso ecosistema acuático habitado por peces pulmonados de tres metros, celacantos de siete metros, gigantescos cocodrilos y tortugas y peces sierra de más de diez metros.

    El nuevo material, junto con el análisis de otros fósiles, permitió a Ibrahim y sus colaboradoes llegar a la conclusión de que Spinosaurus era un dinosaurio principalmente acuático, adaptado al ecosistema fluvial y lacustre del Cretácico norafricano. Los espinosaurios tenían los orificios nasales localizados en la parte superior del hocico, de tal manera que el animal podía respirar aún con gran parte del cuerpo sumergido, como lo hacen los cocodrilos actuales. Además, en la parte terminal del hocico tenían estructuras sensibles a cambios en la presión del agua, lo que probablemente les permitía localizar y rastrear sus presas acuáticas. Los investigadores encontraron además que los huesos de espinosaurio son particularmente robustos, lo que probablemente contribuía a la flotación de estos animales. Asimismo, la anatomía de las patas traseras sugiere que los dedos estaban unidos por piel, en forma parecida a lo que sucede en los patos y otras aves acuáticas.

    La nueva reconstrucción de Spinosarurus aegypticus. Imagen: National Geographic
    La nueva reconstrucción de Spinosarurus aegypticus. Imagen: National Geographic

    Respecto al tamaño, una reconstrucción por computadora en la que digitalmente se colocan los huesos fósiles en su posible posición permitió confirmar que Spinosaurus, con una longitud de casi 16 metros, es el dinosaurio depredador más grande que se conoce. Asimismo, un análisis estructural y mecánico mostró un sobrepeso tal en la parte anterior del cuerpo que es poco probable que los espinosaurios hayan podido desplazarse en dos patas, como aparecen en la mayoría de las reconstrucciones y en Parque Jurásico III. En sus andanzas terrestres, los espinosaurios probablemente se apoyaban en las cuatro patas, aunque seguramente eran bastante más torpes en tierra de lo que la película nos ha hecho creer.

    Los dinosaurios siguen siendo de las criaturas más fascinantes de la naturaleza. Cada nuevo descubrimiento sobre ellos nos aviva la imaginación y nos permite visualizar mundos extraordinarios que alguna vez existieron en lugares insospechados. Tal es el caso de los ríos cretácicos de Marruecos y sus gigantescos espinosaurios.

    Referencias

    Ibrahim, N., P. Sereno, C. Dal Sasso et al. 2014. Semiaquatic adaptations in a giant predatory dinosaur. Science: publicado en línea el 11 de septiembre de 2014.

    Mueller, T. Mister big. National Geographic, octubre de 2014. Versión en línea consultada el 14 de septiembre de 2014. Ver también el video Spinosaurus River Monster.

  • ¿Son los huracanes femeninos más letales que los masculinos?

    “Los huracanes femeninos son más mortales que los huracanes masculinos” reza el provocativo título de un artículo publicado recientemente en los Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos (PNAS por sus siglas en inglés). ¿Qué significa que un huracán sea “masculino” o “femenino”? ¿Cómo los femeninos pueden ser más letales que los masculinos? Los autores del estudio, académicos de la Universidad de Illinois y de la Universidad Estatal de Arizona, proponen que en los últimos 60 años los huracanes con nombre femenino han causado daños más cuantiosos y más muertes en los Estados Unidos que los huracanes con nombre masculino y postulan una explicación basada en las percepciones sobre los nombres y los estereotipos asociados al género.

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    Antes de la mitad del siglo XX, los huracanes se nombraban simplemente con la fecha o el lugar de su entrada a tierra o, sobre todo en las islas del Caribe, con el nombre correspondiente del santoral católico. Así se recuerdan “el Gran Huracán de Galveston”, “el Gran Huracán de los Cayos de Florida del Día del Trabajo” y los destructivos huracanes de Santa Ana y de San Felipe en Puerto Rico.

     Los huracanes del Atlántico norte comenzaron a recibir nombres en 1950 en los Estados Unidos. Al principio se utilizaron como nombres las palabras del alfabeto fonético usado por las fuerzas armadas de ese país. Así, los primeros huracanes con nombre fueron Able, Baker, Charlie, Dog, etc. Entre 1953, cuando Alice fue el primer huracán con un nombre propio humano, y 1978, se emplearon únicamente nombres femeninos para bautizar los huracanes. Entre la comunidad de meteorólogos de la época era considerada graciosa la idea de asignar nombres de mujer a un fenómeno tan destructivo y veleidoso como un huracán. A partir de 1979, por acuerdo internacional, se intercalan nombres propios masculinos y femeninos para designar los huracanes de cada temporada.

    Los autores del artículo en PNAS, encabezados por Kiju Jung, compilaron una base de datos de 92 huracanes que han afectado las costas del Atlántico de los Estados Unidos desde 1950 y encontraron que en promedio los huracanes con nombre femenino han provocado más muertes que los huracanes con nombre masculino. Los investigadores enfatizan que encontraron esta relación aún cuando excluyeron los dos huracanes que más muertes han causado en la historia de los Estados Unidos, ambos con nombre femenino (Audrey de 1957 y Katrina de 2005).

     Ahora bien, ¿Cómo es posible que un atributo subjetivo como el nombre de un huracán pueda influir en su poder destructivo? Los autores del artículo argumentan que hay un factor psicológico y social que puede explicar el patrón encontrado. La gente, proponen los autores, tiende a percibir un huracán con nombre masculino como un fenómeno más fuerte, violento y destructivo que uno con nombre femenino. Esto llevaría a que las poblaciones se prepararían mejor ante el anuncio de un huracán “masculino” y se verían sorprendidas por los huracanes “femeninos” de alta potencia. La consecuencia final sería un mayor número de muertes causadas por estos últimos.

    Los autores pusieron a prueba su hipótesis usando protocolos de investigación de uso frecuente en psicología. Reclutaron voluntarios entre la población de estudiantes de la Universidad de Illinois y les presentaron una serie de reactivos encaminados a establecer la percepción de los sujetos sobre el peligro potencial de un huracán y el grado de masculinidad-feminidad en el nombre del meteoro. Los resultados mostraron en general una tendencia a que los participantes percibieran los huracanes con nombre masculino como potencialmente más destructivos.

    Desde el mismo día de su publicación, el estudio ha sido criticado desde varios frentes. Una de las objeciones más repetidas se refiere a los sesgos en la base de datos. Se incorporaron sólo huracanes que llegaron a los Estados Unidos, dejando fuera un gran número de huracanes que causaron enormes daños en México, Centroamérica y las Antillas. Así, no están incluidos en el estudio huracanes tan destructivos como Gilberto, Karl, Mitch y Stan, entre otros. Asimismo, dado que entre 1953 y 1978 se usaron solamente nombres femeninos y dado que en años recientes existe una mayor cultura de prevención, es muy posible que la correlación encontrada sea espuria como consecuencia de que los daños causados por los huracanes han sido menos severos en años recientes. De hecho, los autores no encontraron un patrón significativo para los huracanes de 1979 a la fecha.

     El título del estudio en realidad no refleja su propósito principal, que fue el de mostrar el sesgo que existe ente la gente respecto al potencial destructivo de un huracán dependiendo del género del nombre del meteoro. Por lo menos entre los participantes en el estudio, un nombre masculino genera una imagen de un huracán más violento y destructivo que uno con nombre femenino. La percepción sobre los huracanes podría estar sesgado por prejuicios y estereotipos muy enraizados en la cultura y la educación de las personas. Desafortunadamente, es difícil pensar que la percepción de una pequeña muestra de estudiantes voluntarios de una universidad de los Estados Unidos pueda extrapolarse a otros sectores sociales y mucho menos a otros países.

  • Una leyenda de Santa Fe de la Laguna

    por DARÍO BALLESTEROS

    En Santa Fe de la Laguna nadie se daba cuenta que enfrente de ellos había un volcán. Cuando hizo erupción, todos gritaron tanto del susto que les cambió la lengua y por eso hablan purépecha. FIN.

    Darío Ballesteros, 8 años
    Morelia, Michoacán, México