¿Son los huracanes femeninos más letales que los masculinos?

“Los huracanes femeninos son más mortales que los huracanes masculinos” reza el provocativo título de un artículo publicado recientemente en los Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos (PNAS por sus siglas en inglés). ¿Qué significa que un huracán sea “masculino” o “femenino”? ¿Cómo los femeninos pueden ser más letales que los masculinos? Los autores del estudio, académicos de la Universidad de Illinois y de la Universidad Estatal de Arizona, proponen que en los últimos 60 años los huracanes con nombre femenino han causado daños más cuantiosos y más muertes en los Estados Unidos que los huracanes con nombre masculino y postulan una explicación basada en las percepciones sobre los nombres y los estereotipos asociados al género.

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Antes de la mitad del siglo XX, los huracanes se nombraban simplemente con la fecha o el lugar de su entrada a tierra o, sobre todo en las islas del Caribe, con el nombre correspondiente del santoral católico. Así se recuerdan “el Gran Huracán de Galveston”, “el Gran Huracán de los Cayos de Florida del Día del Trabajo” y los destructivos huracanes de Santa Ana y de San Felipe en Puerto Rico.

 Los huracanes del Atlántico norte comenzaron a recibir nombres en 1950 en los Estados Unidos. Al principio se utilizaron como nombres las palabras del alfabeto fonético usado por las fuerzas armadas de ese país. Así, los primeros huracanes con nombre fueron Able, Baker, Charlie, Dog, etc. Entre 1953, cuando Alice fue el primer huracán con un nombre propio humano, y 1978, se emplearon únicamente nombres femeninos para bautizar los huracanes. Entre la comunidad de meteorólogos de la época era considerada graciosa la idea de asignar nombres de mujer a un fenómeno tan destructivo y veleidoso como un huracán. A partir de 1979, por acuerdo internacional, se intercalan nombres propios masculinos y femeninos para designar los huracanes de cada temporada.

Los autores del artículo en PNAS, encabezados por Kiju Jung, compilaron una base de datos de 92 huracanes que han afectado las costas del Atlántico de los Estados Unidos desde 1950 y encontraron que en promedio los huracanes con nombre femenino han provocado más muertes que los huracanes con nombre masculino. Los investigadores enfatizan que encontraron esta relación aún cuando excluyeron los dos huracanes que más muertes han causado en la historia de los Estados Unidos, ambos con nombre femenino (Audrey de 1957 y Katrina de 2005).

 Ahora bien, ¿Cómo es posible que un atributo subjetivo como el nombre de un huracán pueda influir en su poder destructivo? Los autores del artículo argumentan que hay un factor psicológico y social que puede explicar el patrón encontrado. La gente, proponen los autores, tiende a percibir un huracán con nombre masculino como un fenómeno más fuerte, violento y destructivo que uno con nombre femenino. Esto llevaría a que las poblaciones se prepararían mejor ante el anuncio de un huracán “masculino” y se verían sorprendidas por los huracanes “femeninos” de alta potencia. La consecuencia final sería un mayor número de muertes causadas por estos últimos.

Los autores pusieron a prueba su hipótesis usando protocolos de investigación de uso frecuente en psicología. Reclutaron voluntarios entre la población de estudiantes de la Universidad de Illinois y les presentaron una serie de reactivos encaminados a establecer la percepción de los sujetos sobre el peligro potencial de un huracán y el grado de masculinidad-feminidad en el nombre del meteoro. Los resultados mostraron en general una tendencia a que los participantes percibieran los huracanes con nombre masculino como potencialmente más destructivos.

Desde el mismo día de su publicación, el estudio ha sido criticado desde varios frentes. Una de las objeciones más repetidas se refiere a los sesgos en la base de datos. Se incorporaron sólo huracanes que llegaron a los Estados Unidos, dejando fuera un gran número de huracanes que causaron enormes daños en México, Centroamérica y las Antillas. Así, no están incluidos en el estudio huracanes tan destructivos como Gilberto, Karl, Mitch y Stan, entre otros. Asimismo, dado que entre 1953 y 1978 se usaron solamente nombres femeninos y dado que en años recientes existe una mayor cultura de prevención, es muy posible que la correlación encontrada sea espuria como consecuencia de que los daños causados por los huracanes han sido menos severos en años recientes. De hecho, los autores no encontraron un patrón significativo para los huracanes de 1979 a la fecha.

 El título del estudio en realidad no refleja su propósito principal, que fue el de mostrar el sesgo que existe ente la gente respecto al potencial destructivo de un huracán dependiendo del género del nombre del meteoro. Por lo menos entre los participantes en el estudio, un nombre masculino genera una imagen de un huracán más violento y destructivo que uno con nombre femenino. La percepción sobre los huracanes podría estar sesgado por prejuicios y estereotipos muy enraizados en la cultura y la educación de las personas. Desafortunadamente, es difícil pensar que la percepción de una pequeña muestra de estudiantes voluntarios de una universidad de los Estados Unidos pueda extrapolarse a otros sectores sociales y mucho menos a otros países.

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