Autor: Héctor T. Arita

  • Wimbledon y la inteligencia extraterrestre

    Wimbledon y la inteligencia extraterrestre

    El 24 de junio de 2010 terminó la partida de tenis más larga de la historia. Después de once horas y cinco minutos de tiempo efectivo, el americano John Isner ganó dos juegos seguidos al francés Nicolas Mahut para llevarse por 70-68 el último set de una partida que había comenzado dos días antes. Lo que parecía un encuentro más de la serie eliminatoria del torneo de Wimbledon se convirtió en un evento histórico.

    Según las reglas tradicionales del tenis, que se siguen para el set definitorio de las partidas en Wimbledon, un jugador debe ganar al menos seis juegos con al menos una diferencia de dos juegos para llevarse un set. En la tradición de Stephen Jay Gould y E. M Purcell, se puede usar una aproximación de probabilidad binomial a una secuencia de eventos deportivos para estimar en qué medida los logros pueden ser considerados “extraordinarios”. Por ejemplo, los 56 juegos consecutivos en los que Joe DiMaggio conectó al menos un hit en 1941 o los cien puntos anotados en un solo juego de básquetbol profesional por Wilt Chamberlain en 1962 son hazañas que desde el punto de vista probabilístico son a todas luces “extraordinarios”.

    Usando un modelo binomial similar, se puede estimar que la probabilidad de un set de 138 juegos es de una en 75 trillones (7.49 x 1019 = 75, 000, 000, 000, 000, 000, 000), si suponemos que cada jugador tiene igual probabilidad de ganar en cada juego del set. Este es un evento tan improbable como por ejemplo encontrar un grano de arena en particular de entre todos los granos que hay en la Tierra (aproximadamente 1020). Ahora bien, el hecho de que la partida de Isner y Mahut sucedió es muestra de que un evento extraordinariamente improbable no es necesariamente imposible si se cuenta con un número suficiente de repeticiones.

    La cantidad de granos de arena en la Tierra es un parámetro proverbial para indicar un número extraordinariamente grande. “…Multiplicaré grandemente tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de las orillas del mar”, promete el dios de la Biblia a Abraham (Génesis 22:17). Pero, ¿Qué hay entonces con referencia al número de “estrellas del cielo”? Tal cantidad tiene que ver con el cálculo de la probabilidad de la vida inteligente fuera de la Tierra.

    Sabemos que la probabilidad de que una civilización inteligente surja en un sistema planetario dado es tremendamente baja. Sin embargo, como también sabemos que el número de estrellas es increíblemente alto (“billions and billions of stars”, como solía decir Carl Sagan), es prácticamente un hecho que en nuestra galaxia exista al menos una civilización inteligente, además de la del planeta Tierra (aunque la actuación de algunos gobernantes nos hace en ocasiones dudar del carácter “inteligente” de nuestra civilización). Hagamos algo de matemáticas.

    En 1961, el astrónomo Frank Drake propuso una famosa fórmula, que ahora lleva su nombre, con la que es posible calcular el número estimado de civilizaciones en nuestra galaxia con las que podría ser posible establecer comunicación (N). La ecuación consta de siete factores que van determinando la probabilidad de acuerdo con estimaciones sobre la tasa de formación de nuevas estrellas, la proporción de estas estrellas que tienen planetas, la fracción de estos planetas en los que puede haber vida, el porcentaje de estos planetas con vida en los que hay vida inteligente y la probabilidad de que estos seres inteligentes tengan tecnología para comunicarse fuera de su planeta.

    Se calcula que en nuestra galaxia existen entre 200 y 400 mil millones de estrellas. De acuerdo con los parámetros de la ecuación de Drake, es posible que sólo una de cada 140 mil millones de estrellas tenga una civilización con capacidad de comunicación interestelar. El número de estrellas, sin embargo, es tal que todo esto arroja un estimado de N = 2.1 civilizaciones con capacidad de comunicación interestelar. Es decir, en este preciso momento debe haber al menos dos civilizaciones en la Vía Láctica que estén intentando comunicarse con nosotros.

    Desde el principio, la ecuación de Drake ha sido criticada por la manifiesta imprecisión de cada uno de sus siete parámetros. Sin embargo, en algunos casos tenemos mucha más información ahora que la que teníamos apenas hace unos cuantos años. Por ejemplo, apenas a principios de los años 1990s se confirmó experimentalmente la existencia de planetas fuera de nuestro Sistema Solar. Ahora, hasta el 27 de agosto, el número de observaciones confirmadas es de 490 de tales planetas. Más aún, en el número de esta semana de la revista Science se reporta la detección de un sistema con al menos un planeta de tamaño y características similares a los de la Tierra. Estas observaciones nos muestran algo que desde siempre se ha sospechado: es posible que la presencia de planetas alrededor de estrellas semejantes a nuestro Sol sea la regla, más que la excepción.

    ¿Estaremos finalmente a punto de observar vida fuera de nuestro Sistema Solar?

    [Actualización 2 de marzo de 2012: Se cumplen 50 años del juego de básquetbol en el que Wilt Chamberlain anotó 100 puntos]

  • El joven de Chan Hol

    El joven de Chan Hol

    Los seres humanos actuales son el resultado del tercer intento de los dioses por crear al hombre, de acuerdo con el relato de los mayas quichés de Guatemala, el Popol Vuh: “La abuela Ixmucané tomó del maíz blanco y del amarillo e hizo comida y bebida, de las que salió la carne y la gordura del hombre, y de esta misma comida fueron hechos sus brazos y sus pies.  De esto formaron el Señor Tepeu y Gucumatz a nuestros primeros padres y madres.”[i] El Popol Vuh consiste en una serie de relatos míticos sobre el origen del cosmos y sobre la historia primitiva de los pueblos que fueron recopilados y escritos en quiché y en castellano por el padre Francisco Ximénez a principios del siglo XVIII.

    El primer hombre, hecho de barro, “hablaba, pero no tenía entendimiento y se deshacía en el agua.”  En un segundo intento, fueron creados hombres de madera, quienes “se multiplicaron y tuvieron hijos e hijas, pero salieron tontos, sin corazón ni entendimiento.”  Fue entonces que los dioses discutieron el asunto y decidieron crear de nuevo al hombre, esta vez a partir de la pulpa del maíz.  Estos hombres de maíz son los ancestros de los actuales pueblos mayas.

    El relato del Popul Vuh nos revela no sólo la intrincada relación de los mayas con la naturaleza y, en especial, con el maíz como fuente de vida y sustento.  Nos da pistas también, como lo hacen otros mitos de la creación, sobre la concepción de los pueblos sobre el cosmos y sobre la pregunta universal sobre el origen y la razón de ser de nosotros mismos.  En la mitología natural, el origen evolutivo del ser humano y su historia sobre el planeta se aborda con descubrimientos científicos, como el que anunció el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH) hace unos días.

    El boletín de prensa del INAH[ii] anunció el rescate de un esqueleto humano de las profundidades de una cueva inundada en Quintana Roo.  El “joven de Chan Hol”, como fue bautizado el hombre al que corresponde el esqueleto, vivió hace más de 10,000 años en el noreste de la península de Yucatán, que entonces era un pastizal árido.  Como el nivel del mar era menor de lo que es ahora, muchas de las cavernas en las que hoy en día se practica el buceo eran cuevas secas en las que los primeros habitantes de la península podían refugiarse y realizar actividades rituales.

    El joven de Chan Hol fue enterrado ceremonialmente en la cueva, como lo demuestra la posición en la que fue encontrado el cuerpo.  Poco a poco la caverna se inundó y el esqueleto permaneció oculto hasta que en el 2006 unos buzos aficionados lo hallaron a una distancia horizontal de más de 500 metros de la boca de la cueva y a una profundidad de poco más de ocho metros.  Tras minuciosos estudios que han preservado el contexto arqueológico del sitio, el esqueleto fue finalmente extraído del lugar por un equipo interdisciplinario de científicos que estudiarán los restos para entender mejor la prehistoria de la península de Yucatán.

    Desde hace tiempo se conocía evidencia de ocupación humana en la península de Yucatán hace cerca de ocho mil años, a través de restos hallados en Belice y en la cueva de Lol Tún, en el estado de Yucatán.  Ya en el presente siglo, a través de huesos encontrados en cuevas inundadas, en circunstancias similares a las del joven de Chan Hol, se ha podido constatar la presencia humana en Yucatán a finales del Pleistoceno, hace más de 10,000 años.  Es posible entonces que la península de Yucatán haya estado habitada sin interrupción desde los tiempos del joven de Chan Hol hasta nuestra época (ver Vázquez Domínguez y Arita 2010 para una breve historia de Yucatán en los últimos 65 millones de años).[iii]

    

    Fuente: Boletín de prensa del INAH, 24 de agosto 2010

    [i] Los textos del Popol Vuh son de la versión de Albertina Saravia E. en la edición de Editorial Porrúa, México.

    [ii] Boletín de prensa del INAH, 24 de agosto de 2010.

    [iii] Vázquez-Domínguez, E. y H. T. Arita .2010. Ecography 33:212-219.

  • El calendario maya y la edad del Sistema Solar

    El calendario maya y la edad del Sistema Solar

    Hace un par de semanas, el 11 de agosto, el cosmos cumplió cinco mil ciento veinticuatro años.  Esto de acuerdo con una interpretación del significado del calendario maya, o para ser más preciso, de la llamada cuenta larga de los mayas del Período Clásico.  Este calendario inicia el 11 de agosto del año 3,114 AC (en el calendario gregoriano extrapolado).  A partir de esa fecha, la cuenta larga considera el número de días transcurridos, agrupándolos en conjuntos basados en potencias de 20.  Un uinal consta de 20 días (kins), un tun comprende 18 uinales (360 días), un katún se forma con 20 tunes (7,200 días) y un baktún incluye 20 katunes (144,000 días).

    Usando este sistema se puede escribir cualquier fecha, presente, pasada o futura.  Por ejemplo, la fecha de hoy, 25 de agosto de 2010, se puede escribir 12.19.17.11.11, representando el número de baktunes, katunes, tunes, uinales y kins desde 0.0.0.0.0 (11 de agosto de 3,114 AC).  Nadie sabe a ciencia cierta porqué los mayas hayan escogido una fecha en particular hace miles de años como inicio de su calendario, pero una explicación que se ha dado es que esa fecha podría marcar el día en que el universo se generó.

    Otras cosmogonías señalan otras posibles fechas para el inicio de nuestro universo.  Según la famosa cronología de James Ussher basada en las generaciones bíblicas, el universo habría sido creado el 23 de octubre del año 4,004 AC.  Según la mitología hindú, el universo podría tener decenas de “días de Brahma”, y como cada uno de esos días contiene millones de años, el universo sería bastante más antiguo que en los cálculos de los mayas o los del arzobispo Ussher.  En todo caso, nuestro universo sería sólo uno más de entre cientos o miles que han aparecido y desaparecido en un ciclo interminable.

    En la mitología natural, la edad del universo se calcula como el tiempo transcurrido desde el Big Bang, y se estima actualmente en 13,750 millones de años.  La Tierra es bastante más joven, pues sólo tiene 4,540 millones de años.  En un artículo publicado esta semana en Nature Geoscience se reporta la edad de un meteorito hallado en el desierto del Sahara en aproximadamente 4.5682 x 10^9 años, es decir, 4 mil 568.2 millones de años.  Este es el fragmento más antiguo que se conoce de nuestro Sistema Solar y es apenas un par de millones de años más antiguo que el meteorito de Allende, que cayó en el desierto de Chihuahua en 1969.

    La cuenta larga de los mayas contempla solamente 13 baktunes, de manera que dentro de 849 días, el 21 de diciembre de 2012, la fecha en su calendario volverá a ser 0.0.0.0.0.  Este hecho es el origen de todas las historias fantasiosas de que los antiguos mayas predijeron el fin del mundo para esa fecha.  En la realidad no está claro qué significado tenga el comienzo del calendario maya y en 2012 únicamente sucederá un regreso al cero, no el final del calendario.  En todo caso, en muchas de las mitologías de Mesoamérica existe el concepto de los ciclos de los mundos, en cierta forma parecido al de la mitología hindú.  No nos preocupemos demasiado por el fin del mundo en 2012 y mejor maravillémonos por los descubrimientos recientes que han ayudado a entender con mayor precisión el origen de nuestro Sistema Solar.

    Bouvier, A y M . Wadhwa. 2010. The age of the Solar System redefined by the oldest Pb-Pb age of a meteoritic inclusión.  Nature Geoscience, advance online publication