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  • Aventuras en el infinito: el Aleph

     

    San Buenaventura en el Concilio de Lyon por F. de Zurbarán

     

    El tiempo no puede ser infinito, concluyó San Buenaventura de Bagnoregio (1218-1274) al examinar la evidencia de los ciclos naturales.  El sabio franciscano razonó de la siguiente manera: Si el cosmos no tuvo comienzo y siempre ha existido, debe entonces haber transcurrido un número infinito de años.  Pero en cada año suceden doce meses lunares, por lo que el número de ciclos de la Luna debe ser doce veces infinito, lo cual es absurdo.  Por tanto, el número de años y de ciclos lunares debe ser finito y el universo tiene que haber sido creado en algún momento, tal como lo señala la narrativa del Génesis de la Biblia.

    Las discusiones filosóficas y teológicas de la Europa del siglo XIII se enfocaban a refutar las ideas aristotélicas, recientemente rescatadas por los pensadores árabes como Avicena y Averroes, que contravenían los preceptos religiosos establecidos por la Iglesia.  El concepto de un universo infinito sin comienzo ni final, descrito por Aristóteles en su Física y otros escritos de filosofía natural, resultaba aberrante para la visión cristiana del cosmos.  La argumentación de Buenaventura en contra del infinito puede parecer no tan convincente en el contexto moderno, pero en su época dio pie, junto con varias otras argumentaciones, a la condena  de las ideas aristotélicas por Étienne Tempier, el arzobispo de París, en 1270 y 1277.

    Desde una perspectiva diferente, Buenaventura se adelantó más de seiscientos años a la formalización matemática del concepto de infinito.  A finales del siglo XIX, el matemático ruso Georg Cantor (1845-1918) desarrolló su teoría de los números transfinitos para describir la cardinalidad (número de elementos) de los conjuntos de números.  Por ejemplo, se puede demostrar fácilmente que el conjunto de los números naturales (1, 2, 3, …) es infinito; basta tratar de imaginar el más grande de estos números (llamémoslo v) y constatar que siempre existirá un número mayor v + 1, que a su vez será menor que v + 1 + 1, etc.  Si durante un viaje aburrido quisiéramos entonar con nuestros amigos la vieja canción de «un elefante se columpiaba sobre la tela de una araña, … dos elefantes se columpiaban …» necesitaríamos un viaje realmente largo (infinitamente largo) para acabar de contar todos los posibles elefantes.

    Cantor denotó la cardinalidad del conjunto de los números naturales con la letra hebrea aleph y un cero ( \aleph_0).  Aleph-cero (o aleph-nulo) es, pues, la cantidad de números naturales que existen, y es infinito.  Es lógico pensar que el conjunto de los números enteros negativos debe tener el mismo número de elementos que el conjunto de los números naturales, porque a cada número negativo le corresponde uno positivo (en la notación de Cantor, -1→ 1, -2→2, -3→3, …).  Ahora bien, donde la intuición se desmorona es cuando tratamos de estimar la cardinalidad de los números pares.  Sería lógico suponer que debe haber la mitad de números enteros pares que el total de todos los números enteros, ya que la otra mitad estaría formada por los números impares.  Sin embargo, siguiendo la lógica de parear elemento por elemento los dos conjuntos, tenemos que 2→1, 4→2, 6→3, …, es decir que a todo número par le corresponde un número natural.  Esto implica que el número total de números pares es igual que el total de números naturales (en ambos casos igual a aleph-cero). En el extraño mundo de los números transfinitos de Cantor, una parte de un conjunto puede ser tan grande como el conjunto entero.

    El método de Cantor también nos permite refutar el argumento de Buenaventura.  Si el tiempo es infinito y ha habido un número infinito de años, cada uno de ellos lo podemos parear con un número natural.  De igual manera, podemos asignar un número natural a cada uno de los ciclos lunares, por lo que ambos conjuntos tienen la misma cardinalidad que el total de los números naturales.  De esta forma, el aleph-cero de Cantor representa tanto el número de años como el de meses lunares transcurridos a lo largo de un tiempo infinito.  De todas maneras, la mayoría de las cosmologías científicas modernas coinciden ahora con la teología judeo-cristiana en que el universo, al menos como lo conocemos, tuvo un comienzo y por lo tanto el tiempo no es infinito.

    Aleph-cero tiene otras propiedades fascinantes y totalmente contrarias a la intuición.  El Libro de Arena de Jorge Luis Borges es un volumen aparentemente normal pero que tiene la particularidad de que al abrirlo en cualquier lugar aparece siempre nuevo material entre dos páginas dadas. A pesar de que el libro tiene un tamaño y peso finitos, no se le puede encontrar ni el principio ni el final pues siempre aparecen páginas adicionales.  ¿Cuántas páginas tendría un libro así?  Lógicamente, sería un número infinito.  En un momento dado, podemos asignar a cada página del libro un número natural, por lo que el total de páginas sería igual a \aleph_0.  Sin embargo, al aparecer una nueva página entre dos existentes, tendríamos que correr la numeración, pero el número total de páginas seguiría siendo el mismo, aleph-cero. No importa cuantas páginas nuevas aparezcan, el número total seguirá siendo el mismo número infinito.  Es más, podemos añadir un número infinito de páginas nuevas y el total seguirá siendo \aleph_0.[1]

    Con estos ejemplos podríamos estar seguros que \aleph_0 tendría que ser el número más grande posible.  Sin embargo, Cantor demostró que ese no es el caso, y postuló que hay un número infinito de niveles más altos de infinidad, a los que denotó con sucesivos números aleph (aleph-uno, aleph-dos, etc.).  Por ejemplo, el número de puntos a lo largo de una línea es mayor que el total de los números naturales.  Estos puntos representan los números reales, que incluyen además de los enteros a todos los números fraccionarios. Cantor mostró que la cardinalidad de estos números es mayor que aleph-cero, y supuso que este infinito correspondía con aleph-uno, \aleph_1, aunque nunca logró demostrarlo.  También desarrolló métodos muy creativos para demostrar la verdad nada intuitiva de que existe el mismo número infinito de puntos en una línea que en un cuadrado o en un cubo.  El Aleph de Borges es «uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos. […] el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos.»

    Lo que Cantor mostró es que la cardinalidad de los números naturales (\aleph_0) es infinita, pero al menos en teoría es contable.  Si encontráramos en la Biblioteca Nacional de Argentina el mítico libro de arena de Borges, podríamos en principio contar todas sus páginas, aunque la tarea nos tomaría un tiempo infinito.  El total de los números reales, por el contrario, es también infinito pero además es incontable y corresponde con un nivel más alto de infinidad que bajo ciertos supuestos corresponde con  \aleph_1.

    Parafraseando a George Orwell, todos los infinitos son iguales, pero algunos son más iguales que otros.


    [1] El Libro de Arena es análogo a la paradoja del Gran Hotel de David Hilbert (1862-1943).  Supongamos que llegamos a un hotel con un número finito de cuartos (digamos 100 cuartos) y todos ellos están ocupados.  Si pedimos un cuarto, el recepcionista no podrá atender la solicitud. Ahora supongamos que hemos llegado a un hotel igualmente lleno, pero con un número infinito de cuartos.  Si pedimos una habitación, el encargado podría mover a la persona del cuarto 1 al cuarto 2, a la del cuarto 2 al cuarto 3, etc. y asignarnos el cuarto 1.  En el caso extremo, si llegamos en compañía de un número infinito de amigos y cada uno de nosotros solicita un cuarto el encargado del hotel podría mover a cada huésped a un cuarto diferente y asignarnos uno vacío a nosotros y a nuestros numerosos amigos.

  • Los grandes ciclos de la Tierra

    Hace unas horas completé mi quincuagésima vuelta alrededor del Sol.  Como el niño que lleva horas montado en el carrusel y no se quiere bajar, yo quiero más, quiero seguir dando vueltas y continuar experimentando el complejo y no muy bien explicado fenómeno de la vida humana.  Cualquier aniversario llama a la reflexión, al análisis del pasado y a la especulación sobre el futuro.  En particular, los cumpleaños nos recuerdan siempre el carácter cíclico pero direccional de los fenómenos: Cada 365 días y seis horas regresamos al mismo punto de la órbita terrestre alrededor del Sol, pero somos un año más viejos, o un año más sabios, o un año más necios.  Seguimos siendo la misma persona, pero nos hemos transformado en algo diferente, para bien o para mal.

    En la mitología natural hay muchos otros ciclos además del anual.  Aprovecharé el feliz término de mi vuelta número cincuenta alrededor del Sol para conmemorar otros aniversarios marcados por los ciclos naturales.

    Hace un día …

    La Tierra gira alrededor de su propio eje a una velocidad de 1674.4 kilómetros por hora (en el ecuador) para completar una vuelta en 23 horas, 56 minutos y 4.1 segundos.  Desde mi nacimiento me ha tocado dar más de 18,000 de esas vueltas, y cada una de ellas ha sido especial, con su particular combinación de alegría y tristeza, de logros y fracasos, de euforias y depresiones, de lluvia o de sol, de frío o de calor, de compañía o de soledad.  La última de estas vueltas transcurrió entre las clases, la burocracia y los pendientes; no fue un día particularmente notable, pero aún así lo considero único entre los otros 18,000 porque cada uno de ellos ha sido diferente. ¿Cuántas vueltas nos quedan por dar?  Como no lo sabemos, no podemos sino recordar a Horacio y su famoso consejo «Aprovecha el día y no te fíes del mañana» (Carpe diem quam minimum credula postero).

    Hace un mes lunar …

    Desde la primaria nos enseñan que el ciclo lunar tiene una duración de aproximadamente 28 días.  Sin embargo, debido a la combinación de tres movimientos diferentes (la traslación de la Luna alrededor de la Tierra, la traslación de la Tierra alrededor del Sol y la rotación de la Tierra), existen en realidad varias formas de definir un mes lunar.  Por ejemplo, la posición de la Luna con respecto al fondo estelar se repite cada 27.32 días, pero el ciclo de las fases lunares es de 29.53 días.  Hace aproximadamente un mes lunar, el 15 de septiembre, en México estábamos conmemorando el bicentenario del inicio de la guerra de independencia.  Entre desfiles, conciertos, fuegos artificiales y hasta un efímero coloso, México conmemoró su propio cumpleaños.

    Hace un año …

    La última vez que la Tierra estaba en la misma posición en su órbita que hoy, el 12 de octubre de 2009, Elinor Ostrom, académica estadounidense, se convirtió en la primera mujer en obtener el premio Nobel de Economía por su trabajo sobre la administración efectiva de la propiedad común.  Unos días antes se había anunciado que el premio Nobel de la Paz 2009 había sido otorgado a Barack Obama, suscitando un alud de críticas y protestas.

    Hace 50 años …

    Hace 50 vueltas de la Tierra alrededor del Sol, el 12 de octubre de 1960, el premio Nobel de Química fue otorgado a Willard F. Libby, el investigador que con un proyecto de 5 mil dólares y dos ayudantes desarrolló la técnica del carbono 14 para determinar la edad de objetos orgánicos antiguos.  Las noticias en los Estados Unidos giraban en torno a las campañas de los candidatos presidenciales John F. Kennedy y Richard Nixon, y la comidilla en los círculos políticos era el exabrupto de Nikita Khrushchev, quien había blandido y azotado uno de sus zapatos durante la reunión plenaria de la Asamblea de las Naciones Unidas en la que el delegado filipino había criticado la política internacional de la Unión Soviética.

    Hace 4,449 años …

    El eje de rotación de la Tierra no apunta siempre en la misma dirección.  Como un trompo que gira y cambia la inclinación de su eje, la Tierra experimenta un ciclo de 26,000 años en el que la posición relativa de las estrellas en el fondo cósmico cambia.  Por ejemplo, en la actualidad existe una estrella, la polar, que se localiza en una dirección que coincide muy cercanamente con el eje de rotación de la Tierra.  Para un observador en el hemisferio norte, la estrella polar parece permanecer en el mismo sitio a pesar de la rotación de la Tierra.  No obstante, debido al fenómeno de la precesión terrestre, la posición de las estrellas en relación con los observadores terrestres cambia paulatinamente siguiendo un periodo de 26,000 años.

    Hace 10 años, Kate Spence, especialista en estudios orientales de la Universidad de Cambridge, calculó la posición de las estrellas hace miles de años para estimar la edad de la pirámide de Kefrén en Egipto.  Según Spence, los antiguos egipcios podrían haber alineado las pirámides de Giza con la posición de pares de estrellas que eran circumpolares en ese entonces.  De acuerdo con las observaciones de Spence, la pirámide de Kefrén tendría una antigüedad de 4,449 años.

    Hace 40,000 años …

    El eje de rotación de la Tierra no es perpendicular al plano de la órbita terrestre.  El ángulo que forma varía entre 22.1° y 24.5° en ciclos de 41,000 años.  Actualmente el ángulo es de 23.44 grados y está en fase de disminución, de manera que alcanzará el valor mínimo en unos 10,000 años.  Hace poco de más de 40,000 años, cuando el ángulo del eje de rotación era igual al actual, Australia ya estaba habitada por seres humanos.  En 2003, un artículo en Nature reportó el resultado del análisis de luminiscencia practicado a restos humanos hallados en 1969 en el lago Mungo, en Nueva Gales del Sur que demostró una antigüedad de 40,000 años.  Los restos, correspondientes a los llamados hombre y dama de Mungo, son la evidencia más antigua de presencia humana en Australia y son parte, además, del entierro ritual más antiguo que se ha encontrado.

    Hace 400,000 años …

    Como sabemos desde los trabajos de Kepler, las órbitas planetarias son elípticas.  Lo que es menos conocido es que el grado de excentricidad (desviación desde una forma circular) de la órbita terrestre varía ligeramente en ciclos de 413,000 años.  En 2003, Robert Bednarik reportó en Current Anthropology el hallazgo de lo que parece una figurilla antropomórfica en una excavación en Marruecos.  Lo interesante del caso es que Bednarik propuso una antigüedad de cerca de 400,000 años para el objeto.  El artículo despertó una serie de críticas muy encendidas, pues la mayoría de los expertos considera que los homínidos que habitaban la tierra en esos tiempos (Homo heildebergensis y H. erectus) no tenían la capacidad de pensamiento simbólico necesario para crear arte.

    Hace 200 millones de años …

    Además de la rotación terrestre, el movimiento alrededor del Sol, la variación en la orientación del eje de rotación y los cambios en la excentricidad de la órbita, el planeta Tierra ejecuta otro movimiento, junto con todo el Sistema Solar.  El Sol, una más de las aproximadamente 300 mil millones de estrellas de nuestra galaxia, se encuentra a unos 25,000 años luz del centro de la Vía Láctea.  Ahora se sabe que en el centro de la Vía Láctea se encuentra un hoyo negro gigantesco alrededor del cual gira la galaxia entera.  Se calcula que nuestro sol da una vuelta alrededor de la galaxia cada 225 millones de años.

    El centro de la Vía Láctea vista por el observatorio Chandra de rayos X

    Hace aproximadamente 200 millones de años se produjo uno de los cinco grandes eventos de extinción masiva que se han presentado en la historia de la vida sobre la Tierra.  La extinción marca la división entre el Triásico y el Jurásico y representó la desaparición de cerca de la mitad de las especies vivientes en esa época y de grupos enteros como los conodontos (un tipo de cordados primitivos) y un 20% de todas las familias marinas.  No se conoce con precisión la causa de esta extinción masiva, pero se han propuesto erupciones volcánicas masivas, el impacto de un asteroide o un cambio climático muy pronunciado como posibles causas.

  • Maní, Gainesville y Fahrenheit 451

    Página de la Relación de las Cosas de Yucatán de Diego de Landa

    Maní es un antiguo pueblo situado en el sur del estado de Yucatán, en México.  Gainesville es una tranquila ciudad del estado de Florida en los Estados Unidos.  ¿Qué tienen en común estos dos lugares?  En primer lugar, los dos son sitios que me traen gratos recuerdos personales.  Cerca del centro de Maní hay una cueva que era uno de los sitios de trabajo de campo durante mis investigaciones sobre los murciélagos de Yucatán.  En Gainesville fue donde realicé  mis estudios de posgrado, donde conocí a algunos de mis mejores amigos y donde nació una de mis hijas.  En segundo lugar, Maní fue el escenario de uno de los episodios de quema de libros más lamentable de la historia y Gainesville estuvo a punto de serlo también.

    En la entrada de la cueva en Maní  hay una gigantesca ceiba que provee de refrescante sombra a la gente que acude a extraer agua del cenote.  Según la tradición, fue justo en este sitio donde el 12 de julio de 1562 el obispo Diego de Landa ejecutó el Auto de fe a través de cual quemó todos los códices mayas conocidos en ese entonces, ya que contenían “puras supersticiones y mentiras del Diablo”.  Paradójicamente, es a través de la Relación de las cosas de Yucatán, un libro escrito por el propio de Landa pocos años después del incidente de Maní, que se han podido reconstruir algunos aspectos de la cultura y la ciencia de los antiguos mayas, entre ellos el sistema de escritura.

    Cada vez que regresaba al lugar no dejaba de imaginar las maravillas que deben haber contenido los más de 40 códices que en instantes se transformaron en humo y cenizas aquel 12 de julio.  Si pensamos que sólo existen tres códices mayas reconocidos (y fragmentos de un cuarto códice cuya autenticidad está aún en disputa), podemos darnos una idea de la magnitud de la pérdida que representó el acto de fe del Obispo de Landa.  ¿Qué tipo de textos contenían esos códices? ¿Habrá habido poesía, ciencia, divagaciones filosóficas?  Tal vez nunca podamos saberlo.

    En estos últimos días, la pacífica ciudad de Gainesville, en Florida, saltó a la vista de la opinión pública cuando el pastor Terry Jones, líder de una pequeña congregación de unas 50 familias, anunció que quemaría públicamente varias copias del Corán en conmemoración del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 y para apoyar su campaña basada en el lema “el Islam es del Diablo”.  Al leer las noticias me horroricé del paralelismo entre las palabras del fanático pastor de Florida y las del Obispo de Landa, entre la barbaridad del acto de fe de Maní y el evento organizado por Jones.  Por supuesto, el anunciado acto del pastor Jones no habría borrado del mundo las palabras de Mahoma, como el acto de fe del obispo de Landa hizo con la sabiduría maya contenida en los códices de Maní.  Afortunadamente, la presión nacional e internacional logró que Jones cancelara su lunático evento y evitó que Gainesville pasara a la historia como el sitio de un barbárico episodio.

    El tema de la quema de libros como vía para suprimir opiniones o creencias discordantes es probablemente tan antiguo como la escritura misma.  Parece ser que el caso de censura más antiguo en la cultura occidental es la quema por las autoridades atenienses del libro de Protágoras Sobre los dioses, en el que el sabio de Abdera proponía una visión agnóstica al declararse incapaz de saber si los dioses existían o no.  A lo largo de la historia, reyes, líderes religiosos, políticos o simples fanáticos han encabezado célebres quemas de libros.  Ha habido destrucción de textos cristianos por los romanos, quema de libros judíos o musulmanes por los cristianos, eventos públicos de quema de biblias en países del Islam, censura de diferentes versiones de la Biblia por grupos fundamentalistas, etc.  Hay también ejemplos en la historia antigua de China, de India y de Mesoamérica.

    Sello de la Sociedad Neoyorquina para la Supresión del Vicio, ca. 1873. http://www.drugwar.com/inquisition.shtm

    Los horrores de la Inquisición y la destrucción de inumerables textos prohibidos son episodios de la historia que todos desearían olvidar, lo mismo que las quemas de libros organizadas por las juventudes nazis, como la de mayo de 1933 en la Bebelplatz de Berlín, cuando se quemaron cerca de 20,000 libros.   La práctica también ha sido empleada por gobiernos de muy diferentes vertientes políticas, por ejemplo en la Unión Soviética, en la China comunista, en los tiempos del macarthismo en los Estados Unidos y, curiosamente relacionado también con el 11 de septiembre, durante el régimen de Augusto Pinochet en Chile.   En los Estados Unidos ha habido quemas de todo tipo de medios considerados lascivos, «anti-americanos» o contrarios a las buenas costumbres, desde textos extranjeros, arte erótico, libros de Harry Potter o colecciones de comics.  En el siglo XXI la censura es una práctica más difícil debido a la proliferación de internet, pero eso no ha impedido el bloqueo de ciertas páginas y servicios en países como China y Corea del Norte.  En Turquía un excéntrico millonario creacionista ha logrado bloquear las páginas oficiales de Richard Dawkins, el conocido biólogo evolucionista y apologista del ateísmo.

    Para finalizar esta entrega sobre la quema de libros, reproduzco a continuación un miniensayo que escribí bajo condiciones de emergencia para cumplir con una tarea escolar en segundo de Preparatoria.  La emergencia consistió en haber pasado la tarde anterior a la fecha de entrega del trabajo en partidos de futbol y en el cine.  Al regresar en la noche a la casa recordé que había que entregar un reporte de lectura de Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.  Dadas las circunstancias, decidí escribir una especie de ensayo en lugar del típico resumen del libro.  Reproduzco ese trabajo tal como fue escrito hace 34 años.

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    CARTA AL CAPITÁN BEATTY (acerca del libro Fahrenheit 451 de Ray Bradbury).  1976

    Capitán Beatty:

    ¿Por qué se queman los libros? Seguramente la mayoría de los bomberos no sabe realmente lo que hace cuando derrama litros y litros de petróleo sobre los libros. Usted argumenta que en los libros se encuentran contenidos sentimientos del autor que producen solo infelicidad en los pocos que se atreven a leerlos; tiene usted razón, Capitán, en cada libro se encuentra latente la forma de pensar de aquel que invirtió gran parte de su tiempo en la realización de una obra que ustedes piensan pueden destruir en unos minutos.

    No dudo que en su cuerpo existan varios bomberos que realicen su trabajo por el solo placer de ver la destrucción, el fin violento; es otra manera de mantener «felices» a la personas, ¿no es así, Capitán?  Sí, hoy en día todos somos felices, al menos todos piensan que lo son.  Sin sentimientos no hay dolor, sin dolor hay felicidad, los que quieren sufrir son exterminados en forma divertida para los demás.  El dolor es cosa del pasado, ¿o no?

    Por medio de esta carta expreso que mi respuesta es NO. ¿Cree usted que quemando un libro puede acabar con los sentimientos que contiene?, seguramente sí.  Pero, ¿Qué es un libro? Solamente un pedazo de papel y tinta; lo verdaderamente valioso no es el libro en sí, sino su contenido, lo que el autor trata de expresar en esa forma, y eso, Capitán, no puede ser destruido.  Ustedes los bomberos no podrán jamás acabar con él, pues estará presente para siempre, si no en forma material, en el corazón y en la mente de millones de personas. Los libros son tan solo un instrumento del que se vale el autor para legarnos sus sentimientos; las personas llegan y se van, pero sus obras se quedan y perduran. Todo hombre deja algo, por pequeño que sea, de su propio ser.

    No, capitán Beatty, convirtiendo los libros en ceniza y humo no lograrán hacer lo mismo con lo verdaderamente valioso de ellos. Cuando usted sopla a un diente de león, si es que alguna vez lo ha hecho, piensa que lo está destruyendo, pero en realidad está usted esparciendo miles de semillas por todas partes, semillas que tarde o temprano germinarán y originarán nuevas flores. De igual forma, ese algo esencial de los libros renacerá de sus cenizas, como el ave Fénix.

    Usted, Capitán, dice que los libros destruyen la felicidad que todas las personas tienen, pero no se da cuenta que esa felicidad es tan solo aparente. Se piensa que al no haber sufrimiento todo el mundo es feliz; sin embargo, el camino a la felicidad, a la auténtica felicidad, está lleno de obstáculos, de sufrimientos sin fin que son los que van preparando a la persona para alcanzar su meta.  Uno de los más grandes errores de nuestra sociedad es pensar de una manera simplista que acabando con el dolor se alcanzará la felicidad.

    Estoy seguro que vendrán tiempos en los que todo esto se acabe. No espero vivir lo suficiente para disfrutarlo, pero al menos sé que mis nietos, o los nietos de mis nietos se verán libres del yugo de la falsa felicidad.

    Firma: «El Joven Ridley»