El gusano churro

Xenoturbella
Xenoturbella bocki, una de las especies de los mares de Suecia

Un artículo en el número de hoy de Nature (4 de febrero de 2016) anuncia el descubrimiento de cuatro especies de animales nuevos para la ciencia. Tres de ellos han sido hallados en los mares mexicanos y representan adiciones notables para la fauna del país. De hecho, estas tres nuevas especies son registros para México de un phylum hasta ahora no representado en el catálogo de la biodiversidad del país.

La noticia, sin embargo, probablemente pasará inadvertida porque no se trata de animales espectaculares o carismáticos, como algún feroz carnívoro, un vistoso reptil o un colorido pájaro. Se trata en cambio de unos modestos gusanos marinos que entre sus características principales se encuentra la ausencia de cerebro, tubo digestivo, sistema excretor, gónadas o, en general, de cualquier tipo de órgano bien diferenciado.

El artículo describe cuatro nuevas formas del género Xenoturbella, que en conjunto con las dos que se conocían de los mares someros de Suecia forman un grupo que en algunas clasificaciones constituye un phylum, la categoría taxonómica más amplia dentro del reino animal. Si algunos phyla, como el de los artrópodos, los moluscos o los cordados contienen miles o hasta cientos de miles de especies, el phylum de los xenoturbelidos incluye únicamente seis especies.

Durante las exploraciones en la profundidad de los mares de California y del golfo de Cortés en México, los científicos del Instituto Scripps de Oceanografía observaron unos extraños animales con apariencia de gusanos aplanados. Al no tener certeza de su identidad, los animales fueron bautizados como “calcetas púrpuras”, pues en efecto las imágenes de ellos semejaban calcetines sucios arrojados en el piso de la recámara de algún desaseado adolescente. Cuando finalmente se pudieron obtener ejemplares y correr pruebas para analizar su DNA, se constató que tales calcetines eran especies desconocidas de Xenoturbella.

Una de las especies, Xenoturbella monstrosa, es mucho más grande que las formas que se conocían hasta ahora, que miden apenas un par de centímetros. La nueva especie mide hasta 20 cm y fue hallada en las costas de California y del golfo de Cortés. Otra de las formas nuevas, Xenoturbella profunda, se encontró a una profundidad de 3,700 metros, en el canal de Pescadero en el sur del golfo de Cortés.

Una tercera especie, encontrada a 1,722 metros de profundidad en un cañón submarino frente a la costa de Guaymas, Sonora, fue bautizada como Xenoturbella churro, “por su semejanza con la fritura de masa llamada churro”, según se explica en la descripción de la nueva especie. En efecto, en una de las ilustraciones del artículo se puede ver uno de estos gusanos en el fondo del mar, y su apariencia realmente recuerda la de un churro, excepto tal vez por la falta de azúcar espolvoreada.  [Ver galería de fotos del Instituto Scripps]

El artículo de Nature presenta también un análisis de las relaciones evolutivas de las especies de Xenoturbella basado en las pruebas de DNA, y las conclusiones generales concuerdan con las de otro artículo publicado en el mismo número de la revista. Xenoturbella y otros gusanos emparentados no están en la rama evolutiva directa de los vertebrados y equinodermos, como hasta ahora se pensaba. Tampoco se encuentran en el linaje que incluye a los moluscos, artrópodos y varios grupos de gusanos, como en otro tiempo se pensó. El gusano churro y sus congéneres representan una línea separada dentro del conjunto de animales con simetría bilateral, es decir que sus cuerpos están organizados en dos partes simétricas a los lados de una línea media.

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Filogenia muy simplificada que muestra la relación de Xenoturbella con otros grupos animales, de acuerdo con los dos artículos recientes en Nature. Anteriormente se incluía a Xenoturbella con los protostomados o con los deuterostomados

Debido al parentesco de Xenoturbella con otros gusanos, se ha propuesto que el conjunto de las seis especies sea movido de su propio phylum a uno más amplio, que tiene el horrible nombre de Xenacoelomorpha. En cualquier caso, el descubrimiento del gusano churro y del resto de sus parientes con aspecto de calcetín sucio representa un avance de la mayor importancia en el conocimiento de la diversidad biológica no solo de México sino del planeta entero.

Referencias

Bourlat, S.J. et al. 2006. Deuterostome phylogeny reveals monophyletic chordates and the new phylum Xenoturbellida. Nature 444:85-88.

Cannon, J.T. et al. 2016. Xenacoelomorpha is the sister group to Nephrozoa. Nature 530:89-93.

Rouse, G.W. et al. 2016. New deep-sea species of Xenoturbella and the position of Xenacoelomorpha. Nature 530:94-97.

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El pez mulier

“El pez mulier tenía la figura de una mujer de medio cuerpo arriba; y de pescado común, de medio cuerpo abajo”.[1]  Estas palabras, atribuidas por el jesuita Miguel del Barco en su Historia natural y crónica de la antigua California al misionero Victoriano Arnés, describen lo que el propio del Barco describe como “el pez más raro, que en esta misma costa se ha visto”.  La ilustración que acompaña al texto de del Barco llama a la risa tanto por el curioso nombre que se le aplica como por los evidentes errores anatómicos.

El dibujo está inspirado en la descripción que Arnés, misionero del siglo XVIII, hace de un cuerpo que fue hallado, “seco y aplastado, como un bacalao”, en la bahía de Santa María, en lo que ahora es el estado de Baja California.  La ilustración original, sin embargo, es del padre Ignacio Tirsch.[2] En el dibujo se exagera el carácter dual de la bestia: los enormes pechos con erectos pezones contrastan vivamente con la aleta dorsal, las escamas y la cola de pez.  La cara redondeada, los ojos enormes y la velada sonrisa del animal le dan un carácter aún más jocoso (¿se trata acaso de una Mona Lisa del mar?).

        La ilustración en realidad muestra una fuerte dosis de imaginación por parte del dibujante, dado que la descripción original del misionero es poco precisa y recalca, por ejemplo, que el propio misionero no recordaba si había visto los pezones de la misteriosa nereida.  Todos los supuestos avistamientos de sirenas han sido atribuidos a la imaginación desbordada de los marineros al observar manatíes (Trichechus) o dugongos (Dugong), mamíferos clasificados apropiadamente en el orden Sirenia. Existen en la ilustración de del Barco numerosas inconsistencias con la realidad de la anatomía de los sirenios.  Por ejemplo, estos animales carecen de escamas y de aleta dorsal, además de que su cola se mueve de arriba a abajo y no de lado a lado, como se podría inferir del dibujo.  Por supuesto, los sirenios no poseen pechos tan desarrollados ni un rostro tan curioso como el presentado por del Barco.

        Existe una inconsistencia mucho mayor.  La idea de que el pez mulier de del Barco haya sido un sirenio tiene poco sustento en lo que se sabe de la distribución de estos animales.  Las dos especies de manatí en el Nuevo Mundo se distribuyen exclusivamente en las aguas del Atlántico, y una tercera es propia del Africa occidental.  Los dugongos se distribuyen únicamente en el Viejo Mundo.  ¿Fue un sirenio el animal que inspiró la descripción del pez mulier?

        Existe una posibilidad remota.  El único sirenio que en tiempos históricos ha habitado las costas del Pacífico en América del Norte es la vaca marina de Steller (Hydrodamalis gigas).  Hasta donde se tiene conocimiento, esta especie habitó únicamente los helados mares del estrecho de Bering y fue llevada a la extinción a finales del siglo XVIII por la cacería desmedida.  ¿Será posible que la vaca marina de Steller haya habitado las costas de Baja California?  Otra posibilidad sería que el misterioso pez mulier haya sido una vaquita marina (Phocoena sinus) varada accidentalmente en la playa.  Sin embargo, la bahía de Santa María se encuentra en la costa del Pacífico de Baja California, mientras que la vaquita se conoce únicamente del mar de Cortés.

        Es posible que nunca conozcamos la identidad real del pez mulier.  El animal seguirá observándonos desde la ilustración del libro de del Barco, sonriéndose burlonamente de nuestra ignorancia sobre los misterios de la naturaleza.

[Esta nota apareció en 1997 en la revista Ciencias 45:54-56 como parte de un “díptico zoológico”. Se reproduce sin cambios mayores, excepto detalles de formato]

[1] Las citas a del Barco están tomadas de Trabulse, E.  1985.  Historia de la ciencia en MéxicoSiglo XVIII.  Conacyt/Fondo de Cultura Económica.  México.
[2] Se puede encontrar más información sobre las ilustraciones de Ignacio Tirsch en este ensayo de Miguel León Portilla.