Etiqueta: genética

  • El bisabuelo del tatarabuelo de Dawkins

    Richard Dawkins. Foto: Shane Pope, Wikimedia Commons

    Richard Dawkins es una de las figuras más controvertidas en las ciencias biológicas y su intersección con las religiones. En biología evolutiva, Dawkins es conocido principalmente por su libro El gen egoísta (1976) en el que se propugna un papel preponderante de los genes, más que de los individuos, en los procesos evolutivos. Como consecuencia, según Dawkins, las relaciones entre los individuos estarían dictadas en gran medida por el grado de parentesco, y por ende la proporción de genes en común, entre ellos. Además de ser conocido por su labor en la comunicación y la comprensión de la ciencia, Dawkins es famoso por su extrema postura antirreligiosa, expresada claramente en su obra El espejismo de Dios (2006), en el que describe lo que él llama un delirio de la gente religiosa que se aferra a sus creencias a pesar de las múltiples facetas negativas de la religión que Dawkins se asegura de describir con profusión.

    Debido a estos antecedentes llamó mucho la atención del público una nota periodística publicada en la edición dominical de The Telegraph en la que se habla de un ancestro de Dawkins. Según la nota de Adam Lusher, Henry Dawkins, el bisabuelo del tatarabuelo de Richard Dawkins, amasó una considerable fortuna aprovechándose del tráfico de esclavos en Jamaica durante la primera mitad del siglo XVIII. Según se insinúa en el artículo, el Dawkins de nuestra época debería sentirse culpable por el origen de su riqueza heredada. 

    Según relata Dawkins en la página de la fundación que lleva su nombre, en algún momento de la entrevista Lusher le preguntó a Dawkins si pensaba que la selección darwiniana tenía mucho que ver con los genes. Al recibir una respuesta positiva, Lusher habría dicho «Bueno, algunas personas dirían que usted podría haber heredado un gen esclavista de Henry Dawkins.» La exasperada respuesta de Dawkins fue «Usted claramente necesita una clase de genética; Henry Dawkins fue el bisabuelo de mi tatarabuelo, de manera que solo uno de cada 128 de mis genes podría proceder de él.»

    Aquí Dawkins aplica la conocida fórmula de genética de poblaciones que muestra que con nuestros parientes más cercanos (nuestros padres o nuestros hermanos) compartimos aproximadamente la mitad de nuestros genes. Con cada uno de nuestros abuelos compartimos una cuarta parte de los genes, con los bisabuelos una octava parte, etc. Así, Dawkins comparte aproximadamente 1/128 de sus genes con Henry, su ancestro de séptima generación.

    Lo que no rebate Dawkins es la posibilidad de un supuesto «gen del esclavismo», un pedazo de información genética que haría a Dawkins, según la insinuación del periodista,  propenso a practicar la esclavitud. En cambio, Dawkins señaló que entre sus ancestros directos también se pueden encontrar religiosos anglicanos de los que claramente no habría heredado ningún gen de propensión a la religión.

    Para muchos biólogos evolucionistas, toda esta discusión sobre los genes del esclavismo o los genes de la religión sería absurda. Las facetas del comportamiento humano son tan complejas y dependen de tantos factores que es ocioso pensar que atributos particulares, y mucho menos las propensiones sociales, puedan estar determinadas por un gen en especial. Sin embargo, algunos practicantes de la llamada psicología evolutiva defienden la idea de que varios de nuestros comportamientos fundamentales están determinados directamente por genes, y que algunos de estos genes son copias de aquellos que fueron seleccionados desde la prehistoria. Pienso que ningún científico defendería en un debate académico la idea de un gen en particular que tuviera que ver con la propensión a dedicarse a la trata de esclavos, pero esa fue la línea de argumentación del propio Dawkins, al menos para defenderse de los ataques del periodista de The Telegraph.

    Parece ser que Dawkins fue también el que sacó a colación una implicación religiosa de la acusación de Lusher. Dawkins citó uno de los libros del Antiguo Testamento (Números 14:18) para dar un ejemplo de lo que él llama la moral torcida de los libros bíblicos. La referencia aparece también en el Éxodo 20:5-6, de donde la reproduzco en la versión de Nácar y Colunga:

    […] yo soy Yavé, tu Dios, un Dios celoso, que castiga en los hijos las iniquidades de los padres hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, y hago misericordia hasta mil generaciones de los que me aman y guardan mis mandamientos.

    Sello conmemorativo de la abolición de la esclavitud en Jamaica

    ¿Es Richard Dawkins responsable de las acciones de un ancestro de séptima generación? ¿O en general somos nosotros responsables por las acciones de nuestros abuelos o padres? Supongo que ningún abogado serio entablaría un juicio en contra del Dawkins de nuestra era por posibles crímenes de su ancestro cometidos hace 300 años, sobre todo considerando que tales acciones no eran consideradas inmorales ni ilegales en ese tiempo. Empero, el reportero parece sugerir que algunos pobladores de Jamaica merecerían algún tipo de retribución por el trato denigrante que sus antepasados pudieran haber sufrido a manos del Dawkins del siglo XVIII.

    Una discusión más profunda de la responsabilidad que podemos tener por las acciones de nuestros parientes o ancestros tiene ramificaciones importantes para los cristianos. A final de cuentas, la manera en la que las diferentes escuelas filosóficas del cristianismo interpretan el pecado original tiene que ver con esa posible heredabilidad de las responsabilidades y las culpas. Según Agustín de Hipona (San Agustín), todos los seres humanos debemos responder por la caída en tentación de Adán y Eva y somos tan culpables de su desacato como ellos mismos. Varias de las sectas cristianas más conservadoras reconocen como cierta la interpretación de San Agustín. La Iglesia Católica ofrece una visión diferente en la que el pecado original es más bien un «estado» (un estado de pecado) y no tanto una acción que merezca castigo o genere responsabilidad a perpetuidad a todos los descendientes de Adán y Eva.

    Por supuesto, para los seculares todo el debate cristiano acerca del pecado original es tan bizantino e irrelevante como la discusión bizantina primordial sobre el sexo de los ángeles. Lo interesante del caso de Henry Dawkins es el uso de supuestos argumentos genéticos del reportero para provocar a Dawkins y la utilización de argumentos religiosos de Dawkins para defenderse de Lusher. Usados fuera de contexto, los dos tipos de argumentos pueden convertirse en peligrosas falacias.

    [Nota]
    Henry Dawkins es tanto el bisabuelo del tatarabuelo de Richard Dawkins como el tatarabuelo de su bisabuelo, es decir, el ancestro de séptima generación del Dawkins actual. No parece haber en español una palabra para describir esa relación; rebisabuelo, transbisabuelo y tresabuelo son sinónimos de tatarabuelo (según María Moliner). El padre del tatarabuelo podría ser el transtatarabuelo, de manera que Henry podría ser descrito como el trans-trans-transtatarabuelo o trans-tatara-tatarabuelo de Richard.
    Por cierto, contrariamente a lo que piensan algunos, un chozno no es el padre de un tatarabuelo, sino el hijo de un tataranieto (ver el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua).

    [Nota, 2 de abril 2019]
    Los genealogistas emplean una nomenclatura para los ancestros basada en el número de generación. Así, los abuelos son «primeros abuelos», los bisabuelos son «segundos abuelos», los tatarabuelos son «terceros abuelos» y los trastatarabuelos «cuartos abuelos» o «cuadriabuelos».

    Los siguientes ancestros son llamados pentabuelos, hexabuelos, heptabuelos, octabuelos, eneabuelos y decabuelos. De esta manera, el bisabuelo del tatarabuelo de Dawkins (el ancestro de séptima generación) sería su sexto abuelo o hexabuelo.

     

  • Historias de cromosomas X y Y: El imperio genético de Gengis Kan

    Gengis Kan. Siglo XIV, pintura y tinta sobre seda.

    La vida de Temujin, mejor conocido con el nombre de Gengis Kan (pronunciado Jan), pareció terminar a los nueve años.  Tras la muerte de su padre en 1171, los enemigos de su familia expulsaron al joven Temujin, quien se vio obligado a vivir en la miseria durante muchos años.  Después de un tiempo, sin embargo, el futuro Gengis Kan logró reunir un ejército con el que comenzó a sojuzgar a diferentes tribus de Mongolia e incorporarlas a su propio imperio.  Su estrategia era simple, sanguinaria y eficiente: después de conquistar un pueblo, nunca dejaba enemigos vivos que pudieran vengarse.

    En el momento de su muerte, en 1227, el imperio de Gengis Kan se extendía en buena parte del Asia central, desde el mar Caspio hasta el océano Pacífico y desde el sur de Rusia hasta la China central y Afganistán.  Sus descendientes expandieron aún más el imperio, hasta alcanzar a finales del siglo XIII la Europa oriental, partes de la península Arábiga, el sur de China y Corea.

    Además de uno de los imperios más extensos de la historia, Gengis Kan dejó otro legado, que aún hoy en día puede detectarse en las poblaciones humanas de las regiones que otrora formaron parte de su territorio.  En 2003, un grupo de investigación liderado por Tatiana Zerjal, de la Universidad de Oxford, encontró un haplotipo (una combinación particular y distinguible de alelos) curiosamente común en los cromosomas Y de personas del centro de Asia.  En esta zona, aproximadamente el 8% de los hombres poseen cromosomas Y con el haplotipo identificado por Zerjal y sus colegas, lo que significa que alrededor de 16 millones de personas (cerca del 0.2% de la población mundial) tienen este tipo de cromosoma Y.

    Los cromosomas sexuales X y Y

    En el mecanismo de determinación del sexo en los mamíferos, los machos poseen un cromosoma X y un cromosoma Y, mientras que las hembras tienen dos copias del cromosoma X.  Esto implica que el cromosoma Y que posee un macho es una copia del de su padre y que aparecerá replicado en toda la descendencia por vía paterna.  Se puede deducir entonces que los 16 millones de personas en el Asia central que presentan el haplotipo encontrado por Zerjal y colaboradores tienen un ancestro común por vía paterna.  Según la estimación de los autores del estudio, ese hipotético ancestro común debe haber vivido hace unos 1,000 años en la región de lo que hoy en día es Mongolia.  Como hay una coincidencia casi perfecta entre la zona en la que el haplotipo existe y la extensión del Imperio Mongol del siglo XIII, parece claro que el haplotipo se extendió junto con la expansión del imperio, muy probablemente a través de la descendencia del propio Gengis Kan y otros miembros de su clan con el mismo tipo de cromosoma Y.

    El mecanismo que permitió la proliferación del haplotipo descubierto por Zerjal y colegas también parece claro.  Gengis Kan y sus descendientes directos no sólo acostumbraban tomar como suyas a las mujeres de los pueblos conquistados, sino que tenían por norma eliminar a todos los hombres y niños.  De esta manera, a medida que el Imperio Mongol se extendía, el cromosoma Y característico de Gengis Kan se hacía cada vez más común en las zonas conquistadas.  Aún hoy en día, más de 700 años después, el «imperio genético» del otrora miserable Temujin es claramente detectable en el genoma de 16 millones de personas.

    El Imperio Mongol a la muerte de Gengis Kan (azul) y en su máxima extensión (1280, amarillo)

    Referencia
    Zerjal, T. et al. 2003. The genetic legacy of the Mongols.  American Journal of Human Genetics 72:717-721.